20090517

La Extinción De Las Últimas Almas Bellas: Hasta Siempre Benedetti

"Su muerte, es menos muerte que la de otros hombres.
Él es de esa clase de tipos que nunca mueren.
Puede ser recordado y visto a toda hora... Hasta siempre."

Mamá.

Creo que la muerte es uno de esos misterios, que al igual que el amor, jamás podré descifrar, o por lo menos, no aún. Por ahora, la vida se me sigue presentando como una hermosa aventura llena de posibilidades, como un exitante viaje que logra interesarme y enredarme un poco más que el descubrimiento de una vida supraterrena, allá en el "otro mundo", descansando en paz. Yo todavía no quiero paz, no "ese" tipo de paz. Pensándolo bien, ningún tipo de paz como tal. Me gusta el conflicto, el devenir, la lucha de contrarios, las fuerzas en lucha... "Me gustan los problemas, no existe otra explicación"...

Y tal vez, estas ganas mías de aferrarme aún a la vida, sean por aquello que llaman "asuntos pendientes", porque sigo enamorada del amor, porque simplemente me gusta estar viva, me acostumbré a vivir, nací viviendo, nadie me preguntó, pero bueno, aquí estoy, qué más da, si estuviera muerta, ni siquiera me molestaría en preguntármelo, ni en responder... Somos los vivos a quienes nos gusta complicar la cosa.

Sí, esa cosa que llamamos vida, que muchos pierden, que otros desperdician... Pero bueno, no soy alguien para juzgar quien la desperdicia o no. No soy dios (todavía), no sé cómo sería yo si fuera un dios, cualquier tipo de dios... No lo sé. Sólo sé que no habría descuidado tanto mi creación... Sé que definitivamente no habría creado unas almas más bellas que otras. No es justo que las unas tengan que ser perseguidas siempre por esas otras... Yo haría que verdaderamente todas mis almas fueran complementos entre sí, pero que igualmente pudiesen vivir separadas, sin necesitarse para seguir existiendo... Solas o acompañadas. Pero, sí, ya lo sé... ¡¡Shhh!!... ¿Demasiado perfecto, no?

Entonces, creo que lo mejor sería que las almas que no fueran bellas, por lo menos sí fueran poetas, pero permitiría que las bellas aprendieran poesía también... Ahh, y eso sí, en esto soy irreductible... Todas las almas bellas o no, deberían saber volar... Por esta cuestión de que no permitiría eso de que el cuerpo sea una cárcel... Al alma que le diera la gana de volar, jamás se vería obligada a quedarse anclada al suelo... A todas les daría alas...

Sin embargo, seamos realistas y dejemos de soñar en lo imposible... Así muchos lo quieran, incluyéndome, jamás seré dios... Y este mundo estará lleno de mierda por los siglos de los siglos, amén. Estamos resignados a no ver la luz, a estar siempre detrás del maldito dinero, a terminar nuestras vidas llenos de nada... A que muera la poesía... Pero en medio de todo, nos consolamos sabiendo que miles de niños mueren de hambre en algún país pobre, tercermundista y en guerra; mientras nosotros, muy inocentes y gorditos, acabamos de comer y estamos calientitos viendo la televisión, entre las cobijas, bajo un techo firme... ¡¡Pobres de los que se están muriendo!!... Sí, pobres, pobres esos que se están muriendo, pero bueno, por lo menos tienen su conciencia. Son más pobres aún los que ya murieron y no se han dado cuenta, esos que siguen yendo a trabajar, pagan impuestos y creen que son felices... ¡¡Autómatas!!...

Esta maldita tortura sería todavía más terrible si no quedáramos los soñadores, aunque soñemos pendejadas, por lo menos nos atrevemos... Y bueno, como siempre, porque dios lo quiso así, hoy se fue uno de los nuestros... Un escritor, un creador de mundos nuevos, diferentes, donde la gente sí puede cambiar su historia, donde el amor es lo más sublime, y noble... Mundos donde la belleza no se vende como puta barata por dos centavos... Donde los amantes no le temen a la locura, a la pasión, al deseo, a desnudarse el espíritu... Como ha dicho mi madre, Benedetti... Eres uno de esos tipos que no se me va a morir nunca en el recuerdo, los pocos que sabemos de tí nos consolaremos en tus versos... Ciertamente, una de las almas más bellas que he conocido. A través de tus palabras pude descubrirme, redescubrirme, inventarme, reinventarme, conocerme, renococerme y hasta desconocerme al mismo tiempo...

Termino estas palabras, que del corazón me nacen, con uno de tus poemas... Fue lo primero que leí después de enterarme de lo tu partida... Un buen amigo me dio estos versos tuyos, y al leer cada frase, las lágimas brotaron de mis ojos, era como si anticiparas esta despedida tan definitiva, como si lo supieras de hace tiempo, y sí, todos lo sabemos, pero lo ignoramos... ¡¡Qué melancolía tan insoportable!!... ¡¿88 años, tenías que irte ya, cierto?! Ojalá pudiera yo morir como tú, siendo más vieja y sincera, más verdadera, ojalá mi alma aprendiera a no temerle a sus alas y pudiera volar... Volar para encontrar en el aire esa inspiración que tú hallaste... ¡¡Qué noche tan llena se suspiros!!...


Chau Número Tres.

Mario Benedetti

Te dejo con tu vida,

tu trabajo,

tu gente,
con tus puestas de sol
y tus amaneceres...
Sembrando tu confianza,

te dejo junto al mundo,

derrotando imposibles,

segura sin seguro...

Te dejo frente al mar,

descifrándote sola,

sin mi pregunta a ciegas,

sin mi respuesta rota...

Te dejo sin mis dudas:

pobres y malheridas,

sin mis inmadureces,

sin mi veteranía...

Pero tampoco creas

a pie juntillas todo,

no creas, nunca creas

este falso abandono...

Estaré donde

menos lo esperes,

por ejemplo,

en un árbol añoso

de oscuros cabeceos...

Estaré en un lejano

horizonte sin horas...

En la huella del tacto,

en tu sombra y mi sombra...

Estaré repartido

en cuatro o cinco pibes,

de esos que vos mirás

y enseguida te siguen...

Y ojalá pueda estar de tu sueño,

en la red, esperando

tus ojos y mirándote...




20090511

"La Medida del Amor"





-Siempre quise saber si era capaz de amar como amas tú– dijo el discípulo hindú a su maestro.

-No existe nada más allá del amor –respondió el maestro-. Es lo que hace girar al mundo y mantiene las estrellas suspendidas en el cielo.

-Lo sé. Pero, ¿cómo puedo saber si mi amor es lo bastante grande?

-Procura saber si te entregas, o si por el contrario, huyes de tus emociones. Pero no te hagas preguntas como ésa, pues el amor no es grande ni pequeño. No se puede medir un sentimiento como se mide una calle: si haces eso, sólo percibirás su reflejo, como el de la luna en un lago, pero no estarás recorriendo su camino.

Paulo Coelho, Warrior Of The Light.

Ed. 197