20091226

Habítame


A veces,

se acumulan papeles en mi mesa,
letras en mi vientre,
música en mi cabeza,

recuerdos de mi infancia en el aire...

Y cuando ya estoy harta de tanto llenarme del pasado... Simplemente lloro.


¿Te he dicho ya que soy un desastre?


Pero anda... Entra.

No tengas miedo de pasar. He ordenado un poco.

Pero sólo un poco. Es bueno también que conozcas esta casa tal cual es, sin que te esconda ese estado natural en el que siempre ha permanecido.

Debes conocerme así...

Con las ventanas y las puertas abiertas para que entres... -Si quieres-

Puedes quedarte...


No quice impresionarte poniendo flores.

Me encantan. Pero casi nunca recuerdo salir y comprar un jarrón nuevo. El último se rompió hace tiempo... Creo que lo tiré por las escaleras... Rodó un poco, pero no resistió el quinto escalón... La cosa es, que sin florero no tiene caso traer flores a esta casa. Y bueno, menos para impresionarte. Pero si te quedas, si te quedas y quieres flores en tu habitación... Te compraré un bonito florero.


Hablo mucho. Lo sé. Estoy nerviosa... No es fácil asimilar que al fin llegaste. Y estás aquí... Sólo mirándome. Aún no me dices si deseas seguir. En todo caso, espero... Espero que me pidas quedarte, todo está arreglado para que te quedes... Todo.


No encontraba motivos, hacía mucho, para empezar a desempolvar las cosas... La casa estaba tan sólo llena de soledades. Esto tengo que agradecértelo. Es simplemente un placer devolverle el brillo a esos rincones donde tanto tiempo pasé a solas, para poder compartirlos contigo ahora.


Te miro.

Eres tú, lo sé. Simplemente lo sé.

Hay algo... Un algo grande... Un amor.

Amor cargado de luz de luna llena...


Ahora cruzas la puerta. Entras a mi vida con un abrazo y un beso en la mejilla. Sostienes mi mano y me agradeces la invitación. De haberte conocido antes... Podría jurar que ya serías dueño de la mitad de esta casa. De todas formas, tarde o temprano, lo serás -pienso-. He cerrado la puerta. Estamos adentro, juntos. Lo soñé tantas veces... Por fin un compañero para mis viajes en el tiempo, mis poesías, mis canciones rotas, mis manos, para recorrer los mismos pasos, para mi corazón...


Miro tus labios.

Me hablas de una canción... Y yo nada más miro la manera en que se mueven.

Has dicho que quieres escucharla conmigo, la canción. Yo me he sonrojado. Es una canción de amor. De esas canciones tiernas que le dan todo el sentido del mundo a un momento como este... En el que todo lo que nos cabe en el alma son cosas bellas, paz, alegría, agradecimiento con la vida por habernos encontrado... Por fin.


¿Sería un pecado decir que podría vivir besándote?

Decir que ninguna otra cosa importaría...

Decir que por fin sería feliz... Sólo por besarte...

Moriría por hacerlo ahora.

Escuchamos tu canción.

Yo quiero cantar... Pero no quiero ni pensar en cómo sonaría mi voz sabiendo que tú estarías escuchando cada sonido que le arranco a los versos que me gustan para hacerlos música... No es lo mismo si alguien me observa cantando... Entro en pánico... Se me destiñen los estribillos si estoy nerviosa. Pero en tus ojos encuentro una paz tan absolutamente inexplicable... Que sé que terminaré cantando, sólo para ti...


Me gusta mirar.

Detenerme a verte, ya sentado en mi sala...

Cómodo...

Llenándo mis espacios.

Te ves bien en mi sofá. La luz es perfecta. Tus ojos brillan al verme.

Espero que te guste mi vestido.

Me he aplicado un poco de perfume... Al entrar y darme el beso en la mejilla, lo notaste. Dijiste que te gustaba. Ahora siempre que lo use... Te recordaré. Recordaré que te gusta.


No paro de mirarte. Tal vez sea incómodo para ti tanta miradera mía...

Pero no puedo evitarlo.

Tus manos se mueven tan armoniosamente, que pareciera que tuviesen vida propia y supieran la manera exacta de jugar con lo que dices, se coordinan con tu voz dulce, expresan todo con una sinceridad absoluta...


Miro hacia afuera por la ventana.

El tiempo vuela en tus palabras...

Pasa corriendo por debajo y por encima de nosotros... El tiempo está por todas partes... Gastándose... Haciendo que se nos venga la noche, que venga el frío, que den ganas de abrazar... Ganas de estar más cerca, de respirarte...


Pero no.

Aún no quiero acercarme mucho.

Quiero que estés bien a gusto. Calculo cada movimiento, trato de adivinar lo que necesitas, de darte lo que quieres... Sigo esperando que me pidas quedarte.


Al fin lo dices... En medio de una conversación llena de miradas...

La incetidumbre en mi alma se corta con tu voz.

Con tu mirada puesta en mí... Con un beso.


¿Te ha gustado mi casa?

Supongo que sí... Tendrás derecho a poner aquí algunas de tus cosas...

Hay mucho espacio para ti...

Siempre esperé.

Y ahora renuncio a esos días en los que el olvido se escribía en medio del silencio...

Esos días en los que prefería recordar en lugar de vivir...


Quiero.

Esta vez sí quiero.

Quiero definitivamente dejarte quedar y no tener que hacerle más trampas a la tristeza.

Quiero hablarte a ti y no al vacío.

Quiero que mi piel te conozca y te crea.

Que mis palabras te pertenezcan.


A veces, el amor se tarda...

A veces mucho...

A veces poco...

Y hoy llegó... Para mí llegó en tus labios.

Llegó el amor en tus manos,

en el cielo nuevo que me traen tus ojos...


Te quiero.


Y lo digo en voz alta, no sólo en sueños.

Cantaré.

Ahora que tengo razones...

Cantaré para ti... Así sienta pena, sé que tu amor llenará esta casa...

Este hogar de ilusiones que soy yo misma...


Habítame...

Entra, porque estuviste también esperando...

Buscaste refugio y me encontraste.

Ven aquí y no tengas miedo de sentir dolor, estaremos juntos...

Aunque suele suceder que toda casa termina derrumbándose... Sé que falta mucho.

Eso lo siento.

Hoy soy una casa feliz, un hogar para tu corazón...

Te recibo... En mí.

Así después sea no más que escombros,

seré desde hoy una casa feliz... Lo prometo.