20110116

Dos putas perdidas...

Sentirme como una mierda... ¿Quién? ¿¡Yo!?... ¡Claro, como siempre!
¿Por qué no?
¿Cómo no?
Sentirse así, creerlo... Verse.
Mirarse en los espejos y no terminar de creérselo.
Odiarse.
¿How to kill your mind?

-Me siento estúpida mujer, me siento llevada... ¿Me entiende?
- ¿Quiere hablar de eso?
- En realidad amaría olvidarlo. Es patético, todo. Todo esto. Yo. ¿Siempre se lo digo, no?
- Sí, siempre lo hace.
- ¿Y?...
- ¿Qué?
- ¿En verdad lo soy?...
- No se mate la cabeza pensando en eso. Las dos lo somos... Y a nadie le importa, más que a nosotras.
- Ese es el puto punto. Que a nadie le importa. Que siento que podría estar muriendo en cualquier rincón de mierda y nadie jamás lo sabría.
- Yo lo sabría.
- Por eso la amo, perra. Cuando digo esas cosas, siempre espero que me responda así... Y lo hace. Con usted me siento completa. 
[La otra se ríe, voltea el rostro y mira hacia atrás... Como esperando que alguno de los que cruce el andén sea conocido]
- ¿Sabe algo?
-¿Qué?
- No me gusta cuando está en otra parte... Cuando me mira a mí, pero está en otra parte.
- No estoy en ninguna parte. Estoy aquí...
- Él no va a venir.
- Lo sé.
- ¿Entonces? ¿Lo quiere o no?
- ¿Qué cosa?
- ¿Ahora no me entiende?
- La verdad, no...
- ¿Entonces por qué preguntó "qué cosa"... Y no a quién, cuándo, dónde, por qué?
[La otra suspira y se ríe de nuevo... Ella le hace tener buen humor cada que se ven... Se le nota en el brillo de los ojos]
- Ya, ya, es que en el fondo sí sabía. Ya me acordé. Pero no pensé que usted también quisiera.
- Sabe que hace rato lo necesito.
- Claro... Al porro y no a mí. ¡Qué buena amiga tengo joder!
- Un porro sin mi perra, jamás será un buen polvo, digo, porro.
- ¡¡¡Jajajajaja!!! [Risa efusiva]... ¿Se imagina? ¿¡Usted y yo dándonos un polvazo...!?
- Nahhh... No lo imagino... Creo que necesito estar un poco más volada para eso.
- No pensé que de verdad fuera a hacerme caso... 
- ¿Creyó que no podía conseguirme uno?
- Sí, eso pensé... Es que con su pintica, jajaja...
- ¿Qué? ¿Tengo mucha cara de nenita que no parte un plato?
- Ajá... Por lo menos a mí me daría pesar andar vendiéndole porquerías a una nena como usted... No tiene cara, simplemente, no tiene cara de ser de estas...
- ¿Estas putas perdidas que fuman para olvidarse de que existen?
- Loca, la amo [Risitas]... Lo peor de todo, es que si uno la detalla de cerca, puede llegar a verle en los ojos cierto aire a vagabunda.
- ¡¡No me halague más ala!!
[Se quedan en silencio y se miran los pies. Están sentadas frente a frente. Nadie se asoma por la esquina de la derecha ni de la izquierda. Nadie cruza la calle. Nadie en el andén. Nadie se asoma por las ventanas. Nadie conduce un auto cerca... Tienen tiempo.]
- ¿Tiene encendedor?
- No... ¡Mierda! Sabía que se me iba a olvidar algo...
- ¿Bueno, entonces con qué piensa que vamos a fumarnos esto?
- Con las ganas más hijasdeputa que se hayan visto jamás...
- Claro, claro, eso eso sí... Pero a ver, perra, piense,es muy tarde... ¿Dónde culo espera encontrar una tienda abierta?
- ¿Tienda? ¿Para qué?
- ¿Pues para qué será? Jajajajaja... 
- No necesitamos una tienda... Vayamos a alguna casa... Por ahí nos conseguimos fuego.
- ¿A la de quién?
- No sé, ¿A quién quiere visitar...?
- Mmmm, pues a esta hora y con un porro en el bolsillo mmmm, no, no... La verdad no se me ocurre a quién visitar.
[Se miran irónica y fijamente]
- Yo ya no quiero.
- ¿Ah, no?
- No.
- Vamos a dormir entonces... Orgullosa.
- Sí, está bien. Ya es tarde y peligroso.
- En todas partes es peligroso, a toda hora.
- ¿Dónde cogemos el taxi?
- Ni idea, estoy perdida. No había estado aquí parada nunca.
- ¿Y si nos dormimos en esa banca, debajo de ese árbol?
- Me esperan, perdóneme...
- Está bien, no me diga que lo siente, porque no es verdad... Entonces duermo ahí yo sola. Adiós.
- No sea así conmigo. No me iré sin usted. ¿Cómo cree que dormiría pensando que está durmiendo en un parque en medio de la nada?
- Pues hágalo, vaya como si nada, no se preocupe por mí... A mí nadie me espera. Nadie me espera a menos que usted se vaya... Y cuando ya no esté, tendré por fin quién me espere, quién se preocupe por mí, quién aguarde mis llamadas... Maldita. Nos vemos demasiado. Por su culpa no me siento más deseada.
- La invito a ver el amanecer...
- ¿Recuerda nuestro primer amanecer?
- No, estaba demasiado ebria... Pero si no estoy mal, usted se encargó de filmarlo todo para que después lo viera yo... Y lo único que tengo metido en la cabeza, es que me hablaba y me decía que no cerrara los ojos, que no me fuera... ¿Y cómo iba a irme si estaba tirada en el suelo como un perro?
- Como toda una perra, querrá decir.
- Y no me fui...
- Sí, sí se fue... Se me perdió ese amanecer pensando en el otro.
- Pero lo bueno es que hubo otros amaneceres... Los que sí recuerdo. Siempre tendremos más.
- Sí, pero el primero es el primero.
[Mirándose a los ojos, bien abiertos, se acercan y se abrazan... Los ojos de ella ven una sombra moverse detrás de la cortina de una ventana, en dónde la luz se apaga de repente. Los ojos de la otra ven a un gato cruzar la calle opuesta a la ventana. Arrojan el porro al  suelo. Se alejan y se miran de nuevo. Un taxi se asoma por la esquina izquierda y corren detrás. Lo alcanzan y ella se sube. La otra le cierra la puerta y el carro arranca... Mientras se aleja, sigue caminando hacia el edificio de la ventana y la sombra. Toma una piedrita del suelo y golpea el cristal gritando: ¡Ábreme ya cabrón!]