20131208

35: Blue Sinking. She crashes your heart again. Demons wanna stop you from dancing again, and again. Oh, pray!



Desaparece. El tiempo no alcanza. Nada más triste que pensar el futuro, el desafío de la espera, la duda quema. No es miedo, cariño, no es miedo... No. There's no past, there's no present, future is the constant beat, we're not even here, we're always there and no one can explain. Nada más triste que volver a esta ciudad y no encontrarte. Sin ti no vuelvo a ninguna parte, no hay nada aquí, tan sólo yo y el espejo frente al que me miro para tratar de descifrar mi rostro, y ¿por qué estás manos, este silencio, este culo y estas piernas?

Naranjas. El olor a cigarro me hace pensar en lo mucho que odio la muerte, el cigarro me huele a muerte, a polvo, a tierra seca, a olla quemada, una anciana se desviste de espalda a mí, junto a la luz amarilla de una lámpara, descalza, sobre una alfombra roja, su pelo es corto, lleno de canas, primero las medias veladas, sus calzones son gigantes, sus piernas están llenas de venas moradas y saltadas, no me mira, sabe que quiero ver sus tetas, son tan grandes..., y veo su sombra alargada, en dirección contraria a la mesita con la lámpara, veo sus tetas que se mueven, ella respira, no se quita el sostén, es blanco pero amarillento, como ella, como su vejez, como sus culpas, como sus 15 años. Mamá me dice: Lo que no recuerdas, te lo inventas, qué buen recurso el de tu memoria. A lo mejor, a lo mejor todo fuera un invento, un mal sueño, ojalá todo me lo inventara, ojalá esa mujer se volteara y yo pudiera ver sus tetas, me da curiosidad saber qué tan arrugadas deben verse, ¿cómo serán las mías a esa edad?... Últimamente me miro mucho al espejo. Mis caderas me parecen tan frágiles y débiles... Nunca seré madre, me vería ridícula, seguro, como una mariquita sobre una tirita de pasta. Ahora, creo recordar que por fin una noche la anciana se sentó justo al borde del colchón, donde yo dormía, la lámpara estaba encendida y yo le pedí que no la apagara, mientras se desvestía, hizo un gesto que no pude ver, luego se volteó un poco y se estiró sobre la cama y pulsó el botón, le vi las tetas pero justo entonces se apagó la luz. Recuerdo que le llegaban unos cuantos suspiros por encima del ombligo, pero no recuerdo si eran arrugadas o no. Hacía frío, eso sí, sus pezones casi no existían y en mi cabeza no cabía duda alguna de que ella moriría pronto y yo nunca podría preguntarle, con mis tetas ya arrugadas, si habría que dejar siempre apagada la luz.

No te asustes. Me duele existir y tú me obligas. No te asustes. No sé caminar y tú me empujas. No te asustes. Soy ya tan vieja, pero tú me dices "muñeca", y yo, me siento so nena. No te asustes. Quiero correr y tú corres. No te asustes. Amo el café y tú tienes cafetera. No te asustes. Realmente el tiempo se me acaba y tú no sabes bailar. No te asustes. Quiero dos gatos y tú eres perro. No te asustes. Vámonos pronto al mar que no me importa que esté tan lejos ni que tú no llegues a tiempo a tu vuelo lunar. No te asustes. Podría dejarte quedar pero yo quiero irme también. No te asustes. Mi vientre y tus monstruos. No te asustes. Háblame al oído. No te asustes. Tú sabes tanto y yo sé tan poco de todo lo que sé. No te asustes. Tú. No te asustes. Jazz, gatos, gatos, tigre, nieve, perro, lobo, París, la maga, Oliveira. No te asustes. Me gusta cuando llegas a leerme y se va todo lo que escribo a la mierda. No te asustes. Mi primera cana. No te asustes. Me viene la regla y me viene el rencor. No te asustes. Me gustan más las ciudades pequeñas pero tú y tu pequeño gran momento brillan lejos. No te asustes. Niño. No te asustes. Hasta con rouge y vestido, tú. No te asustes.


Yo no pensé que la vida fuera tan larga como para que llegara el día en que me diera cuenta de lo corta que era. No sé por qué no me muero de una buena vez. Ninguno de los aviones que he tomado se han sabido caer aún y yo aún no he sabido bajarme más que a medias de cada asiento de pasillo-mitad-ventana. Me muero, me muero, me muero. Yo no escribo cosas tristes, la tristeza es un deber. Placer. Yo no escribo. La tristeza. Tristeza. Yo soy la muerte, yo soy la muerte, la muerte soy... Yo soy la muerte. Todo está bien aquí. Huir es volver en círculos. Círculos y viciosos... ¿Dónde estarán todos los amigos esta noche?


20130909

Sin Título 1


"Los sueños son pequeñas muertes
tramoyas, anticipos, simulacros de muerte...
El despertar, en cambio,
nos parece una resurrección, y por las dudas,
olvidamos cuanto antes lo soñado,
a pesar de sus fuegos, sus cavernas
sus orgasmos, sus glorias, sus espantos...
Los sueños son pequeñas muertes,
por eso, cuando llega el despertar,
y de inmediato el sueño se hace olvido,
tal vez, quiera decir que lo que ansiamos,
es olvidar la muerte...
Apenas eso."

Pequeñas muertes, Mario Benedetti.


- ¿Has visto tus manos?
- ¿Qué tienen mis manos?
- Nada, son bellas.
- ¿Sólo eso?
- Sí, sólo eso.
- Ah, entonces, gracias.
- No, ni lo menciones, sabes que no me gusta cuando me agradeces por pensar las cosas que pienso.
- Bueno. De todas maneras, gracias por recordarme que a veces olvido mirarlas. Sólo hacen lo que deben y no más, ni me fijo.
- Deberías verlas, por ejemplo, mientras hablas.
- ¿Qué tienen mientras hablo?
- Ellas también hablan. Ya te lo había dicho. Es como si tuvieras manos de hechicero.
- ¿De hechicero?
- Sí, de esos que hacen conjuros para que los débiles caigan en ellos y se sometan a sus deseos.
- ¿Crees que te a ti te sucedió?
- No. Yo estoy por encima de tus encantos. Soy como el ayudante que conoce todos los secretos del maestro y ya no cae.
- ¿Y cuál es mi secreto más grande?
- Que no quieres encantar a nadie. Que nada más buscas unos ojos que te sirvan como refugio de ti mismo.
- ¿Y quién tiene esos ojos?
- Muy pocos... Los fuertes. Otros hechiceros. Tu ayudante...
- Yo no quiero refugiarme de mí mismo. Me gusta caer en mis trampas.
- ¿Entonces por qué me miraste?
- No soy un hechicero. Soy un humano normal. Si te vi, no fue para que me salvaras, si no para que me ayudaras a perderme.
- ¿Y ya te sientes lo suficientemente perdido?
- No tanto como desearía, pero sí, bastante más perdido que antes de ti.
- ¿De qué camino querías perderte? ¿A dónde no quieres llegar?- A la amargura de ser viejo solo. Se puede soportar más la vejez, que el olvido.
- Los hechiceros no envejecen.
- Bien por ellos. Tal vez los vea pasar frente a mi tumba.
- No envejecer, no significa no morir. Puede que sus tumbas sean cercanas, también ellos te verán a ti. Un día serás viejo, pero no solitario, estarás muerto a su lado.
- ¿Y qué los mataría a ellos para que me acompañen?
- Saberse indefensos. Impotentes. Darse cuenta de que pueden ser normales.
- ¿Y tú, qué será de ti?
- Me acordaré de las veces que no quisiste que te salvara. No moriré contigo. Resisto más. Tolero mejor esta existencia.- ¿Y quién te salvó?
- "Quién", no. "Qué".
- Bueno, ¿qué?
- Creerme mejor que mi maestro.
- Veo... Así que no morirás, pero yo sí.
- Exacto. Pero estaré sola. No tienes nada que envidiarme. Le temes a la soledad, no a la muerte. Vas a morir felizmente acompañado, ya te lo dije. Serás un viejo digno.
- ¿Y si los otros no quieren morirse conmigo?
- Me llamarás para que te salve.
- ¿Y lo harías?
- Claro, jamás te dejaría sufrir solo.
- Yo sí te dejaría morirte sola.
- Lo sé.
- ¿Qué sabes?
- Nada, no sé nunca nada.
- Ya... Como te venía diciendo... Sí, yo te dejaría morir sola. Con tal, no es la soledad lo que te molesta, si no la muerte misma. Y ya te he dicho que no soy hechicero, así que no podría, por más que quisiera, detener tu muerte. Tendrías que hacerlo, tendrías que dejarte morir, enfrentarlo.
- No. Tú podrías hacer algo... Créeme que podrías.
- ¿Cómo?
- Si quisieras.
- ¿Pero supones que no quiero?
- Sé que no quieres.
- ¿Por qué no querría?
- Porque te enoja saber que no me morí contigo antes, siempre... Que cuando tuve la oportunidad, mandé a otros para que ocuparan mi lugar a tu lado. Que preferí vivir, antes que hacerte compañía.
- Si pudiera detener tu muerte, estando muerto y todo, sin salvar, perdido, solo, viejo y sin encantos sobrenaturales... Lo haría, con todas mis fuerzas lo desearía y buscaría como un loco la manera de llenarte de vida... Pero tú no querrías dejarme.
- Tienes razón. En ese momento me ganarían las ganas de saber lo que sentiría venciendo mi propia muerte.
- ¿Qué crees que sería?
- Paz.
- Yo también sentiría paz. Estarías al fin de mi lado.
- Entonces, sólo en ese entonces, consideraría la idea de acompañarte la Eternidad.
- Sabes que lo harás. No tienes más amigos muertos.
- Es verdad, tendré que jugar el mismo ajedrez contigo.
- Y después de que te gane, te invitaría al teatro.
- No asumas que vas a ganarme.
- Yo solamente hablo por los hechos... Te he ganado siempre.
- ¡Al menos dime que yo escogeré el teatro!
- Está bien, hecho.
- ¿Y después qué?
- Jugaremos a ser desconocidos y después amantes.
- No me gusta ese juego.
-¿Por qué?
- Siempre me enamoro de verdad...
- ¿Disculpa?
- No me quiero enamorar de ti. Mucho menos en la Eternidad. Sería insoportable.
- ¿Más insoportable que el hecho de estar muertos y saber que nunca tendremos buenas sillas en ningún teatro?
- Sí, aún más.
- Creí que pensabas que era adorable y que mis manos eran bellas...
- Bueno, sí, son bellas. Y sí, eres adorable. De hecho, todo esto me hace recordar cuánto te adoro. Pero no por eso quiero estar muerta y enamorada para siempre. Se supone que descansas con la muerte. Debería poder descansar de amarte.
- ¡¡Pero qué le vamos a hacer!! Todo es una contradicción. Por ejemplo tu miedo... Se supone que si vas a descansar, no deberías temer morirte, pero le temes. Le temes y te moriste a mi lado y ahora cuando te gane esta partida iremos a la obra que escogiste y te seduciré y caerás y te enamorarás y será así por siempre.
- Creo que ya sé cómo no enamorarme: No jugaré contigo.
- Ah, claro, eso cambia todo. Si no juegas conmigo, no puedo llevarte al teatro... Y así no podré seducirte. ¡¡Lástima!!
- Gracias.
- De nada... A mí sí me gusta cuando me agradeces.
- Lo sé.
- Entonces sigue siendo una extraña.
- Eso haré. Pero... ¿Puedo buscarte cuando quiera jugar?
- Siempre. Por ahora, descansa.




Beginners (2010)

20130903

Hoy descubrí a Katherine Mainsfield. Life is a mistake: Decir nada en tres actos y medio.


Sentarse a mirar fotos viejas y pensar con sorpresa: Mierda puta, me veía bien linda con el pelo corto. ¿Por qué uno no se da cuenta de esas cosas? La felicidad y la belleza verdaderas son así, sutiles y hasta totalmente imperceptibles. ¿Será tiempo perdido sentarse a observar o recordar cosas que ya pasaron? No. Lo más seguro es que de no ser por la memoria, casi todas las cosas habrían quedado perdidas y sin sentido. Es casi una regla de la vida. Nunca he tenido nada que me haya durado toda la vida, pero al menos en mi cabeza sé que existí, sé que algo sucedió y esa certeza se hace pan, colores, sillas, mesas, buses, esquinas, calles, un par de canciones, la voz de alguien a quien amé y que no se borra por más que cierre los párpados y los apriete fuerte. Todo se entrelaza y me termina trayendo de nuevo hacia el presente en el que no sé muy bien por qué persisto. 

Felicidad, hoy leí ese cuento.

Siempre trato de poner todo en palabras. Comunicarme es un especie de obsesión, pero amo sorprenderme a mí misma frente a una situación en la que las palabras me sacan el culo y no hay nada que pueda hacer al respecto más que callar y mirar. Callar y mirar. Cierro los ojos, trato de retener el mundo a través de otros sentidos, pero todo es tan borroso, tan tenue, siento que todo se me va. La vida...

Tuve un sueño con mi abuela muerta hace ya 9 años. Es increíble que lo único que recuerdo bien de ella era su obsesión por hacer aseo en la casa grande. Es terrible. Soñé que no era ella la que había muerto, sino él, mi abuelo, mi más reciente amor... Lo extraño tanto, a él. Y aún así, al decirlo, no sé bien por qué. Él sigue vivo. Qué nostalgia. En el sueño no lograba concebir el mundo sin su presencia, mi abuela estaba loca, haciendo arreglos extraños y extravagantes en la casa, comprando cosas muy lujosas con el dinero de la pensión de él y regalando objetos valiosos que le habían pertenecido. Entre esas cosas, descubrí un objeto mágico, era una máquina de escribir que tenía muchas teclas, con muchos números y toda clase de símbolos y signos de puntuación. El teclado parecía infinito pero era a la vez muy práctico y elegante. Pero lo más hermoso, no era lo completa y funcional de aquella máquina, sino el hecho de que ridículamente, todo el sistema estaba conectado a una especie de aguja de telégrafo que traducía las palabras del idioma normal a la clave morse. En realidad nunca en la vida he visto un telégrafo, a lo mejor estoy confundiendo los nombres de los aparatos, pero en mi sueño era así, tal cual funcionaba y se llamaba. Recuerdo que apenas vi lo brillante que era, no podía parar de tocarla y escribir mensajes en clave morse. Esta muy triste porque mi abuela quería reemplazar aquella hermosa máquina por una vieja y destartalada, de un color horrible y de mal gusto, que además no tenía ni la mitad de las teclas de la de mi abuelo ni contaba con el sistema para escribir en clave morse. Era una máquina común y corriente. Ella decía que era mejor botar o regalar de mi abuelo porque era muy grande y ocupaba mucho espacio, además que ya nadie utilizaba los telégrafos. Yo protestaba, pero esa mujer no tenía oídos para mí. Sentí que no nos conocíamos, sentí que nunca había amado a mi abuelo, sentí que odiaba su estúpida máquina fea y verdaderamente inservible. Entonces intenté rescatar la máquina de mi abuelo, pero cuando intenté levantarla, ésta era demasiado pesada para mí, no era capaz ni de correrla un poco. Finalmente me rendía y ella me decía que era demasiado pesada para cualquier persona, que no era una máquina razonable, nadie podría trastearla ni utilizarla fuera de una casa, o llevarla en un viaje. Yo no dije nada, ella tenía razón, al menos la suya, fea y todo, era muy liviana, muy práctica para llevar a cualquier parte. Aún no sé qué signifique a profundidad ese sueño. Lo que sí sé, es que no estoy lista para recibir la noticia de la muerte de mi abuelo. Tengo miedo de que eso suceda durante mi estadía en otra ciudad, no sabría cómo reaccionar con normalidad en la calle, no sabría qué hacer conmigo misma, nadie podría consolarme. 

Nuestra música: Kafka y Un Artista del hambre.


La primera vez que te enamoras, todo parece muy brillante. Simple. Uno cree que es una cosa que tiene que durar para siempre para ser real. De todas formas, uno cree que es muy real. Más real que la soledad. Nos convertimos en seres totalmente vulnerables y distraídos. Nada peor que el amor para desperdiciar el tiempo y la vida. ¿A dónde se va la voluntad y la conciencia de ser y el estar? No lo sabemos bien, ni lo sabremos nunca, pero lo disfrutamos. Un día, todo eso se rompe. Todo. Las promesas, el deseo, la emoción, la ternura, la paciencia, los tratos, las complicidades, los favores, las esperas, los anhelos, las angustias, los celos, los odios, las alegrías, las tristezas, los llantos, las estupideces, las cursilerías, las inmadureces... Catástrofe, el amor se acaba. Simple, rápido, contundente. El amor se acaba. Pero lo más maravilloso, es todo ese dolor que sientes, toda esa imposibilidad de ver hacia adelante o hacia los lados sin sentirse atravesado por la muerte, todo, todo, todo, se olvida. Todo pasa. Yo era de esas románticas que pensaban que una mujer solamente se enamoraba 1 o dos veces en la vida. Afortunadamente, eso no es cierto. Creo que me he enamorado tantas veces, que ya me sorprende cómo carájos hago para volver a intentarlo cada vez y que siga siendo siempre tan alucinante y maravilloso. Porque el amor es así, alucinante y maravilloso. 

La música, el cine, los libros, es increíble, pero son como extensiones del amor. La hipermutabilidad del tiempo, las cosas y la vida misma. Nada como ver o escuchar ciertas películas y canciones para recordar el sabor real de un amor pasado... ¿Qué putas estábamos pensando? Es siempre conmovedor abrir esas tumbas, devolver esos relojes de arena, abrir esos baúles empolvados. Ridículo. Sí, en ocasiones resulta ser así, te devuelves y piensas: Joder, todo es ridículo. Y no hay más palabras que "absurdo" para describir ciertas etapas que marcaron en uno determinadas personas y las cosas que compartieron con uno. El universo está enfermo, un anciano aberrado, degenerado y narcisista. A veces es tan peligroso emprender esos viajes al pasado, que de no ser porque puedes pulsar "siguiente" o "stop" en el reproductor, podrías perder la cabeza, la noción de realidad y toda conexión con el presente. Es cierto. Puedes llegar a quedar atrapado entre un odio radical contra todo el género humano o en una nostalgia ni la hijueputa por el amor que no dura ni mierda, un desarraigo tan basto, que sólo la profundidad del mar podría llenarte, pero los pulmones, porque vivir no vale nada, hay que hundirse, hundirse, porque vivir no vale nada, todo llega y como llega se va pasando. ¿Reír o llorar? Gracias hijueputas que me rompieron el corazón. Ustedes me hicieron reflexionar y ahora soy una mejor persona que no escucha esa porquería de música... Bueno, ése es un buen consuelo. Hijueputas. Hijueputas todos. La mitad de los orgasmos fueron fingidos. No, no la tenían grande y deliciosa, pendejos, mal polvos, egoístas, niñitos buscando a mamá. Qué frágil fui, pero no siempre, a veces sólo quería ser interesante, perdón por los gritos, el drama, pudimos habernos ahorrado todo eso, no lo sé. ¿Celos? Nunca. Fingía, de verdad, nunca me importó si no era yo la única, con tal yo tampoco he sido nunca fiel. NO, NUNCA, ES CIERTO. Me da igual ya. No es que no intentara, es que al principio todo es siempre muy bonito, pero cuando veo que es en serio, que soy en verdad la responsable de que otro pendejo me crea una especie de dios que va a salvarlo, me entra el pánico. Nada peor que ser perfecta. No lo logro, no termina de gustarme la idea. Las perfectas terminan siendo amas de casa, abuelas y mamás que nunca tienen orgasmos ni viajan por el mundo ni escriben libros ni son fotógrafas ni pintoras y cuando ya no pueden hacer nada al respecto, las han dejado solas, feas, gordas, analfabetas de sí mismas, inseguras, locas, maniánticas, compulsivas, descentradas, embrutecidas, pobres...  No quiero ser pobre en esta vida, quiero largarme al otro mundo con los bolsillos llenos de historias y cagadas y anécdotas tristes y absurdas, no lo sé, no lo sé... Yo sólo quiero que en verdad el amor sea más fuerte que yo misma y que esa persona que me acompañe, que esté por encima de nosotros, que nos atraviese, que nos desnude y sólo seamos un instrumento más para que se manifieste, pero no, no quiero matar al amor haciéndolo normal. Yo sé que tú me entiendes, creo que nadie me había visto llorar así, de madrugada, con las manos tan vacías de pretextos, de disfraces armados, de pensamientos reforzados, no, nada de eso, escupí y parí con sangre y sudor cada palabra, me confesé y no espero que me dures para siempre. Nunca nada en la vida me ha durado para siempre. Tengo miedo, sí, pero el miedo es necesario, es lo que me hace amarte, nada más importa si sé que respiras, así no sea siempre donde pueda verte todo el tiempo, pero no me importa, sé que nos encontraremos de vez en cuando, y es real, siempre, contigo todo es real, todas y cada una de las veces en que nos encontramos, sé que tanto tú como yo estamos enteramente ahí, sucediéndonos en cámara lenta.

Ya no tengo que prender la luz

De nenita veía una serie no apta para menores de edad, pero mamá siempre fue muy permisiva en ese aspecto, de hecho, lo fue con muchas cosas más diría yo, y más que permisiva, fue descuidada. Como sea, no se equivocó tanto, crecí sana y salva (sin muchos traumas) en un mundo lleno de atrocidades, desventuras y un sin fin de cosas desagradables. En fin, era una serie estúpida sobre sexo, muy gringa, muy girly, a través de la cual empecé a descubrir el mundo de los adultos y sus mentiras, los dramas de las relaciones y las culpabilidadees que terminaban enredando sus cabezas y finalmente no les permitían disfrutar nunca de lo que hacían. El sexo era delicioso, pero era un error. Eso aprendí, eso temía. Y en parte resulta que sí y no. El error es creer que el sexo va a acercarte a alguien, ni hacer que se conozcan, no, eso nunca sucede, tampoco hace que la persona no se vaya nunca, ni que te ame más: Simplemente, el truco es no utilizar a nadie y no dejarse utilizar, pero claro, saber eso me costó lágrimas, mi cerebro estaba muy contaminado. Además nunca me sentí muy bonita, ni siquiera pensaba que ese tipo de cosas me llegarían a preocupar, hasta estaba tranquila, porque en el fondo, me calmaba una alsoluta resignación, tan grande en serio, que ese interés se demoró más de lo normal en crecer en mí. Siempre tuve muchos miedos y pedejadas varias que a medida que aprendía a conocer, se convirtieron en escudos y espadas para esconderme, herirme a mí misma y en ocasiones, herir a los demás. Muchos inocentes pagaron caro por mis heridas sin tener nada qué ver... La piel dura, pienso muy seguido en esa película, si la ven, a lo mejor me entiendan mejor, crecer es una cosa tan dolorosa, que uno simplemente se deja llevar a través de ese dolor por el instinto, la infancia es una extensión del parto materno. Es inercia, doy fe de ello, yo no tenía ninguna voluntad de crecer, ni mucho menos, de adentrarme en este mundo de adultos tan estresante, nostálgico y aburrido. Crecí sin culpa, sin querer queriendo. Pero ya no quiero cumplir más años. Desde que cumplí 18, siempre me repito lo mismo: Ya no quiero más cumpleaños. No quiero. Aquí estoy.

A veces pienso: Si hay algo que aprendí bien de chiquita, fue a sobrevivir. Por más que no mire cuando cruzo la calle, por más que tome taxis para cruzar la ciudad a media noche sin haber llamado o me embriague por ahí en fiestas con amigos y desconocidos, como sea, sigo viva. Como porquerías, nunca hago ejercicio, me arriesgo a peligros estúpidos, soy torpe y me caigo todo el tiempo por la calle, pero nada, no me muero. No hay otra cosa que sepa hacer mejor que estar con vida. Así de simple, seguir viviendo es mi accidental don, muy a pesar de mí misma, de mis depresiones y mi odio a los malditos humanos que hacen la guerra, contaminan y violan, a pesar de mis ganas de morir de cáncer, de amanecer sin respirar, no sé cómo le hago, pero sigo aquí, tan viva como lo que escribo, justo en medio de todos ellos, sufriendo con los que nos tocó en ventura sufrir menos, o sufrir poquito, calladitos, como anestesiados, indirectamente, jodidos y re jodidos, pero disimulando. Por eso no sé cómo, desarrollé tácticas para disminuír el dolor, ver cine, escuchar música, leer poesía, cosas así me ayudaron a llegar hasta aquí. De dientes para afuera hablo siempre del suicidio, pero con cada acto, me contradigo, me lleno de vida, me rodeo todo el tiempo de sentido y significados, atesoro gente linda y momentos, es como si la vida me amara tanto, que ya no le importo yo como sujeto, sino mi existencia como acto y potencia, no soy lo que soy sino el hecho de que ya estoy aquí. 

Muchas cosas me asustaban de pequeña. Que mi familia se muriera, que mi hermano se perdiera, enfermarme, el colegio, las profesoras de matemáticas, tener piojos, que el cabello no me creciera, ser fea, no tener amigas, no tener novio, no saber bailar, el coco, el infierno, la virginidad, dios mirando todo todo el tiempo, los perros, la oscuridad, mi cuerpo que creía anormal, el dolor de cabeza, el sexo, el amor, el odio, la guerra, el hambre en el mundo, vivir debajo de un puente, elegir una carrera, guardar secretos, aprender inglés, cocinar, el agua fría, la soledad, el olvido, le gente hipócrita, la crueldad... El terror es constante. Pero hace un tiempo empecé a vivir sola. El mundo entero ha cambiado para mí. Inclusive hay noches, justo cuando hablo con alguna persona a quien amo, en las que mi corazón está tan tranquilo, que ni siquiera necesito dormir con la luz prendida. Aún no decido si es porque quiero ser valiente o porque estoy tratando de aniquilar mi instinto de supervivivencia y me entrego de manera inconsciente al peligro de que me asesine el monstruo debajo de la cama mientras duermo. A lo mejor es eso último, me estoy volviendo más suicida y ya no hay nadie que me controle.

20130829

Cocó-wash: We're all into the same roads, souls are easy. Música pa' ti no más.


Esta música hecha con computadoras tiene algo mágico que siempre logra purgarme el cerebro.

I never said  I could breathe under water, babe.

La música es sabiduría por encima de toda sabiduría.

"Only parts of us will ever touch only parts of others"

Olé.
"... porque en esta vida, lo que tú me pidas, me lo pide el cuerpo"

I want her and her piano inside my skin. All the time.
All the time.

20130818

"Just 'cause you feel it, doesn't mean it's there": Cazadores de inviernos. A la olla se le quemó el café. Cuando llueve, no es lindo andar en bicicleta, a menos que tengas sombrilla de amapolas.


Si yo pudiera morder la tierra toda
y sentirle el sabor 
sería más feliz por un momento…
Pero no siempre quiero ser feliz,
es necesario ser de vez en cuando infeliz 
para poder ser natural…
No todo es días de sol
y la lluvia cuando falta mucho, se pide.
Por eso tomo la infelicidad con la felicidad.
Naturalmente, como quien no se extraña 
con que existan montañas y planicies
 y que haya rocas y hierbas…
Lo que es necesario, es ser natural 
y calmado, en la felicidad, o en la infelicidad.
Sentir como quien mira.
Pensar como quien anda.
Y cuando se ha de morir, recordar que el día muere 
y que el poniente es bello y es bella la noche que queda.
Así es y así será.

— Pessoa 


"Gatidad"



Amo a Thom Yorke.

¿¡Es él!? No lo distinguí hasta que lo dijiste, que era él...

Lo amo, él es tan... Él. Sobre todo, en esta canción.

Sí, sabes, es preciosa, es como si perteneciera al espacio y alguien lo hubiera sacado de allí, ahora él no quiere nada más que poder volver, lo anhela tanto...

... Es increíble, eres, eres perfecto para describir sentimientos, es impresionante.

Sólo digo lo que siento que él está cantando.

No, tú vas más lejos, es algo más, es lo que hacen los escritores, traducen silencios, sueños... Sabes bien leer la partitura de la música del cosmos más allá de cada nota en sí misma, eres capaz de transformarte y repetir exactamente la vibración perfecta de cada una, ser como ellas, en unidad y en conjunto, logras inclusive armar la red... No como nosotros, los normales, que sólo caemos en ella y la enredamos, tú  puedes descoserla y volverla a armar, te la sabes de memoria y la vas recordando por partes, la vas escupiendo de a pocos. Te he escuchado hablar, te escucho siempre, eres extraño... Me intriga cómo ves hasta lo que hay detrás de las conversaciones incómodas, tu empatía es como un súperpoder, ¿no crees?

Pues, no lo sé, sólo lo hago.

Es fascinante, lo juro. Vas a ser el mejor escritor que haya leído, el favorito de todos los que lea...  De verdad, no te rías, será un placer leerte siempre. Hace un momento me helaste la piel con eso que dijiste, la sensación aún no se ha ido, ahora cuando escuche esa canción recordaré esas palabras, el sentido de lo que hay en esa música...

Gracias, ojalá así sea... Pero, me asusta un poco.

¿Qué...?

Arruinarle la magia a lo que la gente experimenta, es decir, puede que a veces la gente no quiera saber por qué siente tanto placer con ciertas cosas, ese misterio indescifrable, esa ignorancia sabrosa es también parte de lo que impulsa a las personas a seguir viviendo y experimentando las cosas. Lo que yo les diga puede predisponerlos a lo que van a sentir cuando lo sientan y se van a confundir...

No, yo creo que más bien van a aprender a dialogar, habrá inevitablemente un diálogo. Igual, no vayas tan allá en este caso. Es peligroso. Y no hace falta pensar en eso. A lo mejor, lo tuyo sea un súperpoder y una enfermedad, pero es una enfermedad necesaria en el mundo, porque tanta inconsciencia, ignorancia, ceguera, en fin, esa generalizada sensación de desarraigo y falta de conexión con el universo y la realidad, son las culpables de que a los humanos no nos importe ya la dirección que le estamos dando al regalo de la existencia en este plano... Y es terrible. Las guerras son una de las expresiones de ese problema. Lo que necesitamos es conciencia. Tenemos que abrir los ojos y empezar a sentir el porqué de lo que sentimos, a tocar siempre, a tomarnos el trabajo de ser a través de los otros y de las demás cosas, dejar esta posición tan pasiva frente a todo, la puta inmovilidad... Tus palabras son como chasquidos para mosquearse, aguzarse, sacudirse, saber que el orgasmo es pasajero, pero entender que siempre es posible rastrearlo de nuevo hasta ese cierto punto donde puede volver a repetirse... Podemos dominar las cosas, pero a la vez nos duele tanto poder, que ya no sabemos exactamente si queremos. Y eso está mal, porque no se trata de querer, se trata de que la inmovilidad nos está petrificando, ya tendremos el infinito para estar muertos, la vida se trata de otra cosa y nos la estamos perdiendo... Va dejarnos ese tren, y es tan triste.

Tienes razón, pues, de una manera muy retorcida que ahora no me antoja explicar, y es intencional, con una intención casi tan retorcida como tu sinsentido que entiendo... Y en fin, a lo mejor también haya muchos que no entiendan, así yo les hable y les diga lo que sea. Eso me pasa mucho, creo que lo estoy logrando, que por fin no soy el bicho raro que pareciera estar hablando dormido, balbuceando sonámbulo, y que voy a hacerme entender... 
Pero no, no pasa.

Tú tranqui... Ven, vamos a escucharla otra vez.

Me encanta el tipo del final, es tan asquerosamente "inglés", gritando: "Thom Yorke!"

Jajjaja, sí...


Cosas pequeñas. Casas pequeñas

I

 

En este lugar, todo es pequeño y grande a la vez.
Ir por el agua al pueblo, ir por el pan, hacer café, ponerle mantequilla al pan, salir en bicicleta bajo el sol de medio día, usar sombrero, ponerse crema en las manos, lavar los platos, mover las cosas de la casa, barrer, sacar las llaves porque una vez afuera ya nadie más te abrirá la puerta, caminar, moverte, cargar las bolsas con las compras, esperar ese momento extraño en que por fin alguien te habla y rompes el silencio con el temor de que tengas la voz llena de polvo y telarañas y el idioma correcto se haya olvidado, peinarse, tomar agua del bebedero, tomar la carretera a toda velocidad, ansiar llegar a casa, desocuparte corriendo al inodoro, llevarte allí un buen libro, leer en completa desnudez, escuchar lo que dicen los vecinos, tratar de no enloquecer con los grillos y las cigarras, perseguir con los ojos ese sonido ciego y omnipresente de un ave que parece un fantasma escondido, apagar las luces, sudar, rodar por el colchón vacío, abrazar la almohada, extrañar un abrazo (hace mucho que no me abraza nadie, que no abrazo a nadie), pensar, pensar, pensar, ideas vienen y van, tomar los apuntes de la universidad, repasarlos por inercia, salirte del punto, cambiar de tema, todo mentalmente, todo en voz baja, no hay nadie más, nadie más, nadie, te contradices, pero es poco, pequeñeces de la existencia, cómo te gusta debatirte, pensarte, darte lecciones, auto-enseñanzas, fábulas de amor, de confianza, palabras de paz sacadas de tanta quietud. 

Domingo por la tarde.
Alguien me dijo, poco antes de partir, "anda, no es difícil, el punto es aprender a aburrirse". Sí, también hay que aprender cómo aburrirse. No hay nada de malo en aburrirse, era mi gran temor, pero... La gran pregunta se resuelve por fin, todo el misterio era este, sigo con vida y no estoy aburrida, o por el contrario, a lo mejor ya he ingresado en una especie de piloto automático mental y espiritual, el aburrimiento está en mí, mi cerebro y mi voluntad están en off. 

II
  
 Me acostumbro a otros sonidos, otras temperaturas, nuevos olores en la casa, son pasajeros pero a veces se quedan. Las noches no eran tan tenebrosas como pensaba. Hay momentos en que siento que ya no soporto tanto silencio, otros no soporto la música, nada, ni media nota. 
Y está bien, está bueno eso también.

A veces, cuando es de noche y me levanto a merodear la casa a oscuras, descalza, persiguiendo algún ruidito misterioso, alguna sombra sospechoza, algún bicho oscuro y raro, de pronto se me viene una idea y tengo que escribirla, donde sea, como sea, sé bien que para el momento en que llegue de nuevo a la cama, ya la habré olvidado. Empecé a escribir ahora mismo porque precisamente hoy, de madrugada, me ha ocurrido esto, pero ni siquiera con este intento de repetirlo todo he logrado recordar qué era lo que de verdad tenía que haber escrito. Pero hice un buen intento, bastante bueno. De hecho, debo confesar que estas palabras me han salido solas, de largo y sin mucho esfuerzo, como si yo sólo las estuviera reescribiendo y ni siquiera fueran mías, es el colmo, siento que estoy plagiando a alguien más, su vocecita resuena débilmente, pero es concisa: Ya ha hablado antes de que yo pensara nada, cualquier cosa. Es la voz la que escribe ahora, no mi voluntad, no mis manos, esto está siendo dicho a gritos, gritos llenos de euforia y desencanto con la vida, con la miserable condición humana, porque la verdad es, señoras y señores, que la vida no vale nada, el universo va a explotar, todo va a explotar... ¡La victoria es de los gatos!

III



—¿Qué es un escritor?
—Un traductor de sentimientos.
—¿Qué es un poeta? 
—Un escritor de poesía.
—¿Qué es poesía?
—Ver pornografía y tener al lado un librito de versos.
—¿Versos?
—Sí, las partículas elementales de la vida.
—¿Cualquier verso es poesía?
—Cualquier verso que leas mientras ves pornografía, debe ser seguramente poesía.    

 
Sí, yo sé

   — Gracias por romper hoy el silencio. 
     De verdad, yo sé que usted entiende.


Les temps pour mourir heureux



Soy un abismo hambriento
sediento de sangre
que se asusta con el humo
pero que goza con el fuego

Soy un invierno viejo
repetido
y cansado
ya no tengo frío ni en los huesos

Soy un niño travieso
que se rompió una pierna
ya no tengo rocas para lanzarle a los viejos
y el yeso no me deja salir a cazar ranas

Soy la mujer de tus sueños
mi rostro es accidental
mi nombre fue improvisado por otros
mis manos son más pequeñas de lo que recordabas
pero, sí era yo

Soy una serpiente
montada en la espalda de un perro
que va persiguiendo a un gato
—no soy yo, es el perro

Soy la mitad del reflejo que se pierde ignorada en el espejo
nunca me miras cuando te ves/ a los ojos
ni siquiera te ves/ a los ojos
no sabes qué buscas/ y yo sigo ahí

Soy la impaciencia del asesino que quiere confesarlo todo
pero tú eres el juez que quiere creer que la bondad existe
te niegas a aceptar la maldad del animal que soy
animal herido, herdido por su víctima mientras forceajaba agonizante

Soy una máquina de escribir
soy grande y pesada
o pequeña y liviana
todo depende del viaje en el que quieras llevarme

Soy un desierto
estoy lleno de gente dormida, están soñando
todos viajan hasta aquí en su inconsciencia 
aquí aprenden a volar

Soy un cuarto a oscuras
estoy lleno de trampas y objetos
todas mis sombras son tenebrosas
todas mis posesiones son la misma cosa: Polvo

Soy el mar 
soy tu desnudez
cada ola es un beso, te beso
soy la sal
toda herida abierta tiende a infectarse
pepitas de arena, el frío, la sal, besos, agua






Confesiones de invierno, para algún Charly

“Tienes que cojerte a muchas mujeres, bellas mujeres, y escribir unos pocos poemas de amor decentes y no te preocupes por la edad y los nuevos talentos. Sólo toma más cerveza, más y más cerveza.
Anda al hipódromo por lo menos una vez a la semana y gana, si es posible. Aprender a ganar es difícil, cualquier pendejo puede ser un buen perdedor. Y no olvides tu Brahms, tu Bach y tu cerveza. No te exijas. Duerme hasta el mediodía. Evita las tarjetas de crédito, o pagar cualquier cosa en término. Acuérdate de que no hay un pedazo de culo en este mundo que valga más de 50 dólares (en 1977).
Y si tienes capacidad de amar, ámate a ti mismo primero, pero siempre sé consciente de la posibilidad de la total derrota, ya sea por buenas o malas razones.
Un sabor temprano de la muerte no es necesariamente una mala cosa. Quédate afuera de las iglesias y los bares y los museos y como las arañas, sé paciente, el tiempo es la cruz de todos, más el exilio, la derrota, la traición, toda esa basura. Quédate con la cerveza, la cerveza es continua sangre. Una amante continua.
Agarra una buena máquina de escribir y mientras los pasos van y vienen más allá de tu ventana, dale duro a esa cosa, dale duro. Haz de eso una pelea de peso pesado. Haz como el toro en la primer embestida. Y recuerda a los perros viejos, que pelearon tan bien: Hemingway, Celine, Dostoievski, Hamsun. Si crees que no se volvieron locos en habitaciones minúsculas, como te está pasando a ti ahora, sin mujeres, sin comida, sin esperanza… Entonces, no estás listo toma más cerveza. Hay tiempo. y si no hay, está bien igual.”
—Bukowski



¿Tienes la piel blanca
cuando te preparas para tocarme enre sueños?
Porque lo presiento, 
sé que te he visto antes,
vestido de perro blanco, 
cazador.

¿Eres tú,
has venido al fin por mi carne?...
No entregues mis huesos a los demás lobos,
hazte una butaca con ellos,
ve 
y adorna tu casa, 
soy tu trofeo.

Cazador,  
no me importa el control,

asesinar no tiene que ver con ello,
nada más con la sangre que se deje correr.
Hay que dejarla, 
que se derrame sola
sin importar si fue la víctima correcta la que se consagró.

En otra vida, 
éramos más que el uno para el otro,
éramos el uno,
el uno en sí mismo, en su todo.

Toda esperanza es en suma,
una memoria constante de lo imposible



(I'm going to find a place for us to hide...)

20130709

Ella tiene un revólver en la cabeza y aprieta el cañón con los nudos de la cabellera: Este amor es de unicornios malparidos (que viven ebrios esperando en una isla desierta en medio de una mar dulce y amarilla).



— ... lo más curioso sobre las historias de amor es esa imposibilidad de reconocer cuándo son en realidad "historias de amor" genuinas, o más bien historias de terror, sólo se sabe hasta después de que se terminan. 
Ella, linda como siempre, lejana, como es su naturaleza, cortó el tiempo-espacio con sus palabras:
—... desde que empiezan, como todo en la vida. Pero aún así, no me importa, quiero escuchar una que aún no se termine (ni se sepa si lo hará) para que quede en duda si es de terror o de amor. Pero que sean evidentes los delirios.
— Déjeme pensarlo, no quiero decepcionarla, ¿si?
— No, no se vale si se piensa... "Hay que creer en la magia, es la forma de hacerla real".
[Un hombre y una mujer se enamoran en un segundo y cambian el destino, ellos mismos no saben el embrujamiento de que son víctimas y justifican su arrebato con razones pueriles como la predestinación ó que ya se conocían en otro mundo; sí, es posible, porque la soledad, los sueños, la necesidad de amar, son mundos imaginarios pero más crueles que la realidad, la vida está hecha de pequeños azares materia prima del destino, compartir un asiento en el bus, tomar una acera en vez de otra, marcar un teléfono equivocado, no ir al estadio; entonces sucede el milagro, era eso lo que esperaban, un hombre ó una mujer. Mientras escribo esto pienso qué habría pasado si en vez de quedarme en este cuarto hubiera ido a ver la película el dios fingido, lo inesperado es lo que da a la vida categoría de aventura, perderlo o ganarlo todo a la vuelta de una esquina sin uno saber siquiera para dónde iba, por eso no me he matado.]
Terminé la puta historia que ella pedía, pero en el fondo sabía que no era suficiente, ella quería saber si yo recordaba, específicamente, "otra" historia. Pero en realiadad no tenía nada, trabajé rápidamente con lo poco que tenía, cualquier cosa para no mostrarme con las manos vacías. Mientras buscaba,ella parecía tan paciente como una imponente roca en la cima de una sabia montaña:
—... Nunca hace eso usted señorita (?), ¿creer en algo para que parezca real?
— Siempre linda, siempre... Es la única manera de despertar y no correr a suicidarse en la ducha— le dije mientras revolcaba letras.

[La cosa más estúpida que alguien puede preguntar es: ¿Cómo puedes decir que me amas si no me conoces? El amor no es esa mermelada espesa que se forma durante los encuentros sucesivos y las estrategias de seducción y las afinidades e intereses mutuos. Ese tipo de relación funcional que deriva en aproximación, atracción, sexo, compromiso, relación libre, complicada, matrimonio… no es y nunca será amor. Idiotas, el amor es la percepción del otro a través de la necesidad conceptual, del instinto y la ensoñación. Sé que amo a una chica porque la he soñado mil veces, la he imaginado e inventado. Soy un hombre apasionado en mi visión de la mujer y del lenguaje, pero jamás he buscado a una chica por sexo sino por una necesidad salvaje de comunicarme. Busco en la mujer trascender ese tipo de conocimiento funcional hecho de fechas y facturas, de cenas y filas ante el cinema. Tengo una mente poderosa y sutil, hecha en el delirio y el desenfreno de mil noches y mil vidas. Mi sexo es parte de mi lenguaje, un sortilegio y un regalo maravilloso. No busco sexo en una chica, se lo doy. Soy el amo absoluto de mi alma y mi cuerpo, conozco de forma minuciosa mis sensaciones. Los macacos ven en la mujer un objeto, un proyecto, un trofeo. Para mí una chica es el espacio de mis enigmas, el laberinto de mis soledades, el fin de los esquemas. Soy alto, fuerte, capaz de poner tus huesos uno a uno en el lugar justo, de darle a tu alma algo inolvidable y abrir tu mente más allá de ti misma. Si para algo existe el amor es para anular las razones y destruir los pactos. Pero los macacos y sus macacas ven en el amor la celda del deseo y la tumba de la aventura. Viven de pactos, lánguidas fidelidades y vacías traiciones. Si conocerse fuera una condición del amor el mundo se reduciría a información y psicoanálisis. El pensamiento, el arte, los marcianos, las frutas exóticas, el olor de la madera recién cortada, el blues y tantas otras maravillas no tendrían sentido. Uno ama en la humanidad del otro no en su documento de identidad, uno ama en la fascinación de lo que desconoce no en la forma de un culo o la dimensión de unas tetas. Uno ama en una sonrisa no en la fricción de una tripa. Perdí a mi padre, el dolor de su ausencia irreparable fue llenando mi mente de chicas. Las he inventado desde entonces, las he dibujado en mi mente como complejas y dulces sensaciones y las he amado. Me basta percibirlas, sentir un olor para saber que están allí. Sé que te amo niña idiota porque te amaba antes de pertenecer a la tierra, antes del deseo y lo haré diez segundos después de mi muerte, Te he amado con la ferocidad del destino. Conocerte puede ser una casualidad o un incidente, amarte ha sido y es mi forma de estar en el mundo.]

— Soy una persona tonta.
— ¿Por qué lo dice? Yo también soy tonta. Podría inclusive hacerle una lista con muchas de mis tonterías.

— ...Qué hermoso que me cuente historias, pero, mejor me voy. 
— Pero, no llore.
— Que su noche sea bonita...
— No se vaya. Por favor, diga cualquier cosa... ¿¡Le di dos historias y ahora se va!?... Recuerde la nuestra entonces, esa fue linda, ¿no? Y aún no se termina...— le hice un guiño coqueto y de confianza con el ojo izquierdo, aunque no creo que lo viera.
— No, yo no quiero que se termine, por eso es mejor irse ahí, cuando todavía es lindo. 
— ¿Usted y yo ya nos fuimos?
— No.
— Estamos aquí entonces, ¿verdad? Qué extraño que la distancia sólo nos lleve a pensarnos una y otra vez por la otra.
— Yo aún quiero estar aquí, entonces, es así.
—... 
— Estoy encerrada- susurró ella, y dejó su carterita roja sobre mi estante de libros que nunca voy a leer, pero que colecciono por las tapas del encuadernado. Se puso de espaldas a la lámpara de pata larga del rincón junto a mi tocadiscos restaurado y allí se quitó las sandalias. Sus pies no tenían medias, de manera que podía ver todo el calor de su cuerpo escapándose a través de las plantas de sus pies sobre la madera dejando una huella de fantasma húmedo que respira con silueta curvada.
— También yo estoy aquí, no se olvide de mi presencia, pero no lo veo como un encierro... ¿Sabe? Mejor tratemos de no verlo como un encierro, ¿puede? Digamos que más bien estamos esperando y no importa si nada llega, porque es más divertido esperar, que no esperar nada... Al menos así, esperando, uno se anima y el cerebro cree que de hecho está "haciendo" algo...
Y hacer, es vivir.
¿Ha leído "Esperando A Godot"?

Vladimir: ¡Qué! ¿Nos vamos?
Estragon: Sí, vámonos.
(No se mueven.)
Sonrío y me dijo: — Vámonos.— luego de una pausa, con hermosa delicadeza, me devolvió un guiño sutil del mismo ojo que el mío, que intencionalmente también pretendí no ver.

- ¡Vámonos!

Hablar de espaldas aumenta el sentido de la ceguera, mediante elcual los demás sentidos se hacen superpoderosos a partir de las imágenes de las palabras como seres de peso independiente. Logré verla, creo, inclusive más allá de lo que fue capaz de decir.- A donde usted quiera, mujer- le aseguré.

- Yo a veces, casi siempre, no sé a dónde quiero ir y a las personas no les gusta caminar con los ojos cerrados. A mí sí... En todo caso, nunca sé dónde estoy ni para dónde voy, vamos a cualquier lugar... Un día, ¡vámonos!Así usted tenga o quiera volver aquí, no me importa.... Mejor, dos días.

Con ella me iría a donde sea, ella lo sabe... Tantos días como tengan los posibles años de los que esté compuesta mi existencia premortal y en los que no tenga que pensar que los hombres por más que nos asemejemos tanto a los dioses, nunca seremos tan perfectos como para no temerle a la falta de tiempo. Con ella quiero pensar que tengo todo el tiempo para bebérmelo y no pagar la cuenta. A ciegas le dije:
- ¿Dos días pretendiendo que me fui y que no quiero volver a verla en este lugar? No, no puedo. Este lugar somos nosotras.
Y prefiero este silencio en que ninguna de las dos se va, pero tampoco nos quedamos del todo, porque sin tener la obligación de decir nada, somos instantáneamente libres y no importa si estamos aquí o no, la libertad ya es nuestra, pero este lugar nos alimenta. ¿Me entiende?
No se trata de querer volver... Se trata de que, a lo mejor, ni siquiera hay que irse nunca para extrañarnos, pero es divertido pretender la espera... Aunque no queramos que nada cambie (porque no es necesario).
Todo lo que es, lo que somos, es hermoso como está, ¿no cree? Pero claro, no hay que hacernos caso, ni siquiera pretender escucharnos, váyase cuando quiera, que yo no sé si la estaré...

- Hay dos torres inmensas, un algo en medio de ellas, una cuerda que son 11 cuerdas por donde se puede caminar, y hay una niña ahí que se sostiene, está lloviendo y ella se aferra a la cuerda porque no quiere regresar a la torre donde estaba, y desde la otra torre le cortan la cuerda porque le tienen miedo, pero es sólo una niña y si tiene sangre en las manos no es porque haya matado a nadie, sino porque está herida; entonces mientras está en la cuerda sueña que es un barco, que la lluvia es mar y que está navegando, que el viento la arrullará si cae... Ella entiende todo. Y si, todo es más bonito como ya es, porque es lo que se puede dar dentro de esta realidad, "pero mañana seguro que sí".

- Mañana es cuando usted quiera cerrar los ojos y decir en voz alta que ama, ama la cuerda, ama a la niña, que no existe ni tiene que existir, ama ser usted, ama este encierro de lejanías entre las dos, ama que aún puede soñar y los que se encerraron en las torres no... Mañana es cuando todas las cuerdas se conviertan en los dedos de nuestras manos juntas y usted comprenda que esa que se rompió estaba sobrando, porque somos humanas y sólo necesitamos 10.
Mañana es cuando no importe que hoy es ayer desde que amanece hasta que usted se detiene a hacer el té y ya es de noche.

Siempre es peligroso jugar a recordar historias. Es mejor fingir no recordar ninguna y dejar que la quietud sea. Recuerdo que la última vez que recordé algo a propósito, terminé olvidándome de un montón de cosas que no tenían la culpa de haberse manchado de un solo color. Mi memoria es daltónica. Alguien debería inventarse unas gafas para disimular que las últimas neuronas ya están en llamas detrás del cristalino. 

En medio de tanta cobardía, todos los billetes ganadores de la lotería que nunca compraste, el amor de tu vida que se fue con el sujeto equivocado y la muerte; se burlan unánimemente a ciegas, no por falta de memoria, porque son como columnas que sustentan el espacio-tiempo y por tanto, carecen memoria en sí misma, de la necesidad absurda de recordar nada, de la humillante mortalidad, y pueden salirse de ellos a su antojo, viviendo en un eterno presente que lo ve todo como una masa, sin tonalidades ni verdades ni mentiras ni añoranzas un futuro o pasados vagos. Se ríen sin parar, porque las masas no tienen sentido, son torpes, siempre son torpes, sin redención, se apresuran siempre hacia los más profundos precipicios ridículos, auto-infligiéndose los mismos dolores, las mismas enfermedades y su propia muerte. Es ésta la ceguera más antigua del Universo y está desde siempre por encima de todos nosotros, concentrada en el mismo ojo ancestral de la muerte, todo lo que pudo ser y no es y fue aplacado por el peso presente de lo que es y ya no va a moverse y el amor que nunca nos ayuda a nacer; de todo deseo o pequeña iniciativa de rebelión que nada más nos aplasta más dentro de la masa, la masa, la masa, la masa, su centro donde nadie puede ver nuestro rostro más allá que como granos de polvo y chatarra intergaláctica inservible.
La segunda ceguera, es la nuestra, nosotros, es decir, la masa, que se da la espalda y se imagina diferente, dividida, autónoma, que cree que se siente, que está, que se mueve, que hace algo, que espera cosas, que hace cosas, que depende del tiempo y del miedo a que se olvide la historia de sus mascaritas inventadas. La memoria es nuestra excusa para las voces, para justificarlas, para no aceptar la enfermedad, para darles vida y no sentirnos solos, sola, solo, masa. 

Y el secreto para no enloquecer es este: No somos dueños de las cosas que logramos, ya le pertenecen al pasado. Ahora nos queda nada más aquello que todavía queremos conquistar.