20130224

"The Types of People You Will Fall in Love With In Your 20's"




by Ryan O’Connell 

You will fall in love with someone who annoys you, whose orgasm face looks and feels pathetic. Despite all of this, there’s something keeping you drawn to them, something that makes you want to protect them from the harsh world. What you fail to realize, however, is that you are the harsh world. You aren’t their noble protector — you are someone to be protected from but it takes a lot of dates, a lot of nights where you question whether or not you are actually a good person, for this to ever resonate with you. When it’s over and whatever love is left is put back in the fridge like a sad plate of leftovers, you will finally understand that you have the power to hurt someone. You can either hurt them or love them and it’s up to you to decide what kind of role you would like to take on in future relationships. What feels more comfortable — being the one who loves more or being the one who’s loved less?

You will fall in love with someone who’s cold and always seemingly pushing you away. When all is said and done, they will be forever known as the one person you couldn’t get to love you. Unfortunately, it will hurt and sting worse than the good ones, the ones that chopped up your meat for you and picked out an eyelash from your eye and were nice to your mother, because love often feels like a game we need to win. And when we lose, when we realize we couldn’t get what we ultimately desired from a person, it makes us feel like a failure and erases all the memories of those who loved us in the past. It’s a permanent smudge on your love resume.

You will fall in love with someone for one night and one night only. They’ll come to you when you need them and be gone in the morning when you don’t. At first, this will make you feel empty and you’ll try to convince yourself that you could’ve loved this person for longer than a night, but you can’t. Some people are just meant to make cameo appearances, some are destined to be a pithy footnote. That’s okay though. Not every person we love has to stick around. Sometimes it’s better to leave while you’re still ahead. Sometimes it’s better to leave before you get unloved.

You will fall in love with the old couple down the street because to you they represent the impossible: a stable, long-lasting love. You’re trying to get someone to like you for more than ten minutes. A monogamous “never get sick of ya” love seems unfathomable. “What’s your secret, sir? Do you just say yes a lot?”

You will fall in love with smells, the good and the bad kind. You will want to wear your lovers shirt because it makes you feel close to them and you’re okay with being that PSYCHO who is legitimately sniffing their shirt in public. You will fall in love with sweat, certain perfumes, the smell of the season in which you fell in love. This particular love smells like fall. It smells like Halloween and a roaring fire and leaves and fog and mist and candy and food and family and whiskey and sex and the lint that collects on sweaters. When it ends, if it ends, you will never experience another fall without thinking of him, her, it. The memories will stick to the ground like a mound of leaves and will only dissipate when the weather drops.

You will fall in love with your friends. Deep, passionate love. You will create a second family with them, a kind of tribe that makes you feel less vulnerable. Sometimes our families can’t love us all the time. Sometimes we’re born into families who don’t know how to love us properly. They do as much as they can but the rest is up to our friends. They can love you all the time, without judgement. At least the good ones can.

This is where I’m supposed to tell you that you will fall in love with The One, a person who isn’t too cold or too nice. Their “O” face is perfectly fine and they’re not afraid to show how much they love you. This person is supposed to wait for us at the end of the twentysomething road as some kind of reward for all the heartache and loneliness. We deserve them. We’ve earned this kind of love.

So fine. You’re going to fall in love with The One. You’re going to fall in love with someone who will make sense beyond college or a job or a particular season. They’ll make sense forever and won’t ever want to leave you behind. I’m telling you this not because it’s true but because it NEEDS to be true. Everyone is entitled to this kind of love, so why not? Have it. It’s yours. Blow out the candles on your 30th birthday, holding their hand, and let out an exhale that’s been waiting for ten years. Do it. Now.

20130219

—Clear your mind, honey babe —I need a beer, not a fucking fuck psychiatrist : merendíyanoquieroquetodoseaperfectolaperfecciónmerecuerdalamuerte




—Try to show some love—

Estaba sola.
Cerré los ojos y decidí que necesitaba encontrar pronto un hogar cercano para refugiar el alma.
La maldita gente en multitudes tiende a llenarme de terror, de una náusea tan real como el aire.
Caminaba con el sonido del corazón atascado en los oídos,
golpéandome el tímpano como si mil  puertas de madera fueran derribadas y todos los cristales de los gigantes ventanales de una inmensa catedral fueran quebrados sin piedad por la misma roca gigante.
Los pies y las manos también me palpitaban, 
los sentía hinchados y del doble de su tamaño.
La sensación de tener el corazón en los oídos, se me replicaba sin control por todo el cuerpo
 formando una extraña red invisible de impulsos eléctricos
que me recorrían la piel arbitrariamente.
Me sentía amarrada, llena de hilos brillantes y a la vez transparentes.
Torpe.
Me caí, pero nadie lo notó.
Quería asesinar hojas secas y me desvié del camino habitual para pasar a través de un sendero entre los árboles detrás de los edificios grandes y blancos.
Asesiné muchas hojitas esa tarde.
Todas crujían bajo mis pies y yo podía escucharlas antes de morir y aún después de haberse reducido a pedacitos insignificantes entre las ramitas, rocas y  la tierra mojada.
Nunca entiendo lo que quiero decir. 
No quise hablar conmigo misma.
Decidí pensar en otra gente.
¿Pero qué clase de "gente" era yo aquella tarde?
Estaba sola.
No era "gente", sólo era yo misma.
Todas esas horas se me ahogaron con rapidez. Celebré la muerte de la tarde a solas.
Fingí leer bajo la sombra de un árbol, 
pero mi mente estaba más allá de mi poder.
Amé que nadie más llegara,
que nadie me buscara,
esas cosas son necesarias.
Pero en el fondo, uno siempre quiere dejar de sentirse impar.
La soledad asusta porque entonces cada pequeña parte de uno mismo se hace más consciente del aire que se le escapa y que no va a volver jamás...
Bueno. Les estoy hablando mierda.
No sé por qué la soledad asusta. A veces, no me importa, mucho menos, cuando estoy sola.
Por el contrario, siento más ese terror extraño a estar sola al estar en compañía,
porque las despedidas son extrañas y es horrible sentirse extraño.
Y lo más extraño de las cosas extrañas, es que no podemos explicar porqué lo son.
(o no serían cosas extrañas).
Digamos que, cuando uno está solo y por ejemplo, se va a dormir, la soledad no molesta,
porque no hay que decir "hasta mañana" ni preocuparse por no dar la espalda.
Simplemente, sabes que despertarás contigo mismo una vez más, eso es todo, será todo.
Pero dormir con alguien más, es la cosa más antinatural y extraña,
entre todas las cosas antinaturales y extrañas que existen.
No sé porqué lo hacemos. 
Con tal, si existe, ha de estar bien.
Déjalo estar.
De todas formas, pienso que no deberíamos hacerlo.
Es decir, yo lo hago a menudo, pero hay algo extraño que no se me va... 
El cadáver de una soledad rota, supongo.
Otra razón más por la cual el amor es una mierda y no dejaré de repetirlo mientras camino 
con el corazón tocando tambores en mis oídos y miro a la gente con miedo y con odio.
Ya... Me perdí.
Lo siento. Vuelvo:
Decía que hay cosas extrañas,
pero existen,
entonces hay que dejarlas ser,
y si uno las toca y las entiende,
a lo mejor se vuelve como ellas, o parte de ellas y hasta podría defenderlas, o amarlas, y llegar a pertenecerles con locura, ciegamente, con devoción, sin quejas ni protestas.
El amor, y dormir con compañía, hacen parte de esas cosas rarísimas de la existencia.
Y yo diría, que definitivamente están en la cima de las rarezas del mundo.
Y el amor, es una mierdísima:
Su rareza consiste, básicamente, en que nos encanta comérnosla. 
El amor es el culpable de toda una serie de enfermedades del alma, que claramente dejamos pasar porque nos entretiene mientras nos saboreamos en su viscosidad. 
Quedamos atascados, como muertos en vida,
la perversidad de sus reglas no tiene fin.
El que no ama no puede existir sin el que lo ama, aún cuando este sabe que no es amado y que aquel que no ama, en realidad sí ama, pero a otro individuo, no a él, quien a lo mejor ni lo espera y ya ama a alguien más que también lo ama, o que tampoco lo ama, pero a pesar de todo, lo ama, porque el primer círculo es el más común y siempre se repite.
¿Ya ven?
Esa mierda, es el amor.
Los únicos que pareciera que de verdad se aman sólo existen en los libros, las películas de Hollywood y el porno. 
En el porno sí que saben de amor.
¡Uy!...
Qué mala persona me siento ahora.
Mi consuelo es que cada vez que aceptes enfrentar tus culpas, te liberas un poquito de ellas. Así que al final, está bien ser mala persona si lo admites y al menos te sientes con un poquito de culpa al respecto. La culpa se irá con el tiempo, mientras te acostumbras y las confesiones de tu culpabilidad se hacen más frecuentes y públicas. Eso está bien, es otro círculo raro, pero está bien. Así vivimos las personas. O al menos, lo intentamos.
Bien, soy una muy mala persona, lo sé. Lo saben. Ya lo dije dos veces.
Ahora... Mil años de perdón para llevar, por favor, Señor Papa.


—Circos—

Dormir con alguien que amas,
dormir con alguien que no sabes si te ama,
dormir con alguien que probablemente ama a alguien más,
dormir con el que ama el que tú amas,
tres.

Dormir con alguien que no amas,
dormir y no preguntarte si te ama,
dormir y no pensar en el que ama el que no amas,
dormir y despertarte libre porque has sido doblemente amado,
dormir porque el que amas no está para desvelarte,
dormir porque no puedes saber quién es el que ama quien tú amas,
dormir porque total tú ya estás con alguien,
1+1= 1/2.

Dormir con alguien que no te ama,
dormir y pensar en quién amará el que amas,
dormir y pensar en quién te amará,
dormir y pensar en el que no amas,
dormir y despertarte aterrado por la certeza de no ser quien ama el que tú amas,
dormir y no saber quién eres,
¿cuatro?.


—Take me somewhere over the fucking rainbow to smoke with some pretty unicorns—

Hago lo que puedo.
Lo hago bien.

Muérdanme una pierna.

Hay pendejos tristes en todas partes.
Ya no venga.

Júpiter tiene lunas para todos mis lunares.


—Es un cuento que el amor no existe: existe, pero es intocable—

Yo supongo que el verdadero problema es que nos gusta estar jodidos y solos.
Silencio.
Es un pecado romper silencios en un planeta donde no sabemos todavía hablar.
Nuestras palabras y conceptos dan pena.
Todavía somos demasiado corrientes, seres muy comunes, condenados a no ser infinitos.
Las estrellas nos ven de lejos con compasión.
No dejamos de suceder siempre dentro de los mismos círculos destructivos.
Somos incendios peligrosos,
envidiamos al sol.


—Try to be good, but I get tired—


20130210

Crónicas de La María-h: Tomar el bus de la ruta más larga solamente para hablar un rato más. She woke up coming from the stars. Lagartos fosforescentes.


Decálogo: Bajo la lluvia asesina de todos mis viejos zapatos
Viajarás, por encima de todos tus miedos, siempre. Sola o acompañada.
Te vencerás a ti misma en todos los juegos de palabras. Nunca somos lo que las voces piensan.
Le creerás sólo a tu alma cuando estés a solas, nunca después del sexo.
Fumarás más a solas que en compañía de otras personas. Lo disfrutarás.
No te enojarás porque tus enemigos no saben apreciar tu risa. Deja de contar tus sueños en voz alta.
Nunca preferirás el café caro por encima del pocillo barato de la cafetería del centro de Ciudad Mierda.
Deja de llamarlo, él no te espera.
Perdonar a papá. A lo mejor te ayude con lo del viaje a París.
No tengas miedo de ir a cine sola, ya lo has hecho antes y seguiste viva.
No te arrepientas. El 99% de lo que te sucede, tenía que suceder así y estaba fuera de tus manos evitarlo.


Casualidad aparente: No tenías excusa para no llamar
Lo ves a lo lejos, del otro lado del camino que lleva al edificio de la cafetería vieja. Te detienes por un momento a pensar en que tu nuevo método de no poner citas ni hacer promesas, en realidad funciona mejor de lo que esperabas, porque de hecho, dejaste de esperar nada de nadie y ya es la tercera vez que logras concretar un encuentro deseado nada más por pura casualidad. M.M. te habla sin muchas ganas sobre nada en particular. La escuchas con la misma actitud. Ambas quieren estar en silencio, pero no es así como funciona, en los días fríos donde todas las tardes llueve y el día es gris desde por la mañana, lo mejor es no dejar espacios en blanco, la soledad es peligrosa cuando el clima conspira con la tristeza. Siguen caminando juntas, pero aún ella no ha notado la presencia de Mao en la distancia. Tú no le dices nada, porque siempre la interrumpes cuando habla, como una especie de ritual para no irte del planeta y hacerle saber que no eres una máquina grabadora de sonidos, así que lo único que haces es seguirle la cuerda mientras direccionas poco a poco los pasos de la caminata hacia un inminente encuentro con Mao. Ella te sigue a ti, pero está en otra parte, como hace meses, por lo mismo de hace meses, y no hay caso, no vale la pena cuestionarlo. Gritas. Sueles llamar la atención de las personas de esa forma. Te gusta que sientan tu alegría y tu emoción al verlas después de que ha pasado un buen tiempo, además te impulsa también la gran satisfacción que te genera percibir las casualidades. Mao sonríe a lo lejos, se acomoda las gafas y la mochila, acelera el paso. Tú sonríes y también caminas más rápido, M.M. hasta ahora se entera de lo que sucede, pero no tiene mucho afán. Te volteas y la miras, ella está en otro lado, definitivamente no caminará más rápido para saludarlo. Tú sí quieres correr, así que corres, extiendes los brazos faltando unos pocos metros y al llegar frente a frente, lo abrazas como si quisieras exprimirle el alma, hacerle un transfusión de sangre, inyectarle amor, decirle sin palabras que lo extrañas, pedirle disculpas por no haber llamado nunca, sentirlo. Él te abraza sonriendo con esos abrazos que suelen darte las personas más altas y fuertes que tú, en los que terminas siendo elevada por los aires para igualar un poco su altura. Realmente el día vale la pena ahora. M.M. viene allá atrás, todavía con paso lento, la mirada en ninguna parte y la indiferencia a flote. Mao lo notó de lejos, por eso no se fija mucho en ella, te mira y ve tu pelo largo. Es impresionante cómo cambian las personas con tanta facilidad y en tan sólo un par de meses. Tú lo notas también distinto, sonriente, cosas buenas sucedieron mientras no se hablaron. A lo mejor, fueron más las malas que las buenas, pero al ver sus tenis rojos, sospechas que lo que importa es que la vida siguió. Hay algo de optimismo en el aire que corre entre ustedes dos. Por fin, M.M. los alcanza y sonríe porque Mao es un amor, así de simple, es imposible no sonreírle. Él las invita a compartir unos minutos antes de cumplir una cita importante con un profesor. Tú aceptas por las dos. M.M. se deja llevar, le da igual, de verdad, sólo los sigue. Aunque hace frío, ni Mao ni tú piden café, sólo M.M. ordena un vaso grande. Pero a ti te altera a esas horas, a él le gusta más la avena. Después de hacer la fila en la cafetería de siempre, llena de gente que ya no es la de siempre, todos pagan y buscan un lugar seguro para asentar sus humanidades. Como siempre, M.M. toma de tu avena, ahora que tú la bebes más seguido. Mao ya lleva más de la mitad del vaso con un sólo sorbo. A ti te gusta masticarla, despacito, porque es muy espesa. M.M. quiere que se enfríe su café, y no lo toca, no lo mira, le indigna un poco que esté tan caliente. Luego, bebe un poco, muy poco, pero enseguida se queja de que le sabe más a agua con azúcar, que a café. Piensas que no puede pedirse más de esa pobre cafetería, es muy barata, además, con los estudiantes siempre hacen lo que se les da la gana. Le ofreces un poco más de tu avena a ella. Mao ya se acabó la suya, no la compartió. Está entusiasmado esa mañana. Sus lugares no son muy cómodos, pero se adaptan para quedar de frente los tres. M.M. no los mira, sientes cómo se cansa, se agota poco a poco, quieres que vuelva pero no tiene caso hablar ya de lo mismo, es su turno, su asunto. Mao te cuenta sobre la nueva Facultad, las clases van bien y sus compañeros tienen mucho nivel. Es todo un reto para él, pero le molesta un poco tanto orden y lo presumidos que son con su dinero. Tú no sabes qué contarle, tus clases van igual, tus amigos se han reducido a la mitad y sólo sales de tu apartamento de vez en cuando para dejar o recoger algún libro que prestaste de la biblioteca de Ciudad Mierda. Le cuentas eso mismo. M.M. los escucha y asiente con la cabeza y a veces sonríe. A ella le agrada también Mao, es un tipo admirable. Por un momento piensas en incluirla también a ella en la conversación, pero no sabes cómo. Recuerdas que ella iba a tomar algún curso en esa misma institución de Mao, pero en otra Facultad, intentas hacerlos hablar, pero no fluye muy bien la cosa. Lo dejas así. Entonces, hablan entre ellos por un breve instante sobre un intercambio de libros que hicieron hace unos meses y acuerdan tratar de encontrarse para el trueque de la devolución final. En eso, Mao se distrae por un momento observando entre las ranuras de la banca de madera donde están sentados hablando, hace un gesto de sorpresa y con mucho cuidado empieza a escarbar con los dedos en el fondo de una de las ranuras. Luego se ríe y les informa de su insólito descubrimiento, que en realidad es algo bien común y de esperarse. Resulta que se ha encontrado con un pequeño nudo enmarañado de hojitas entre verdes y secas, pasto loco y de mala calidad. Yo le llamo maría-h, qué bonita es, cuando es bonita. Tú lo felicitas por su buena suerte. Él levanta los hombros y dice que le da igual, que ni siquiera le gusta, malditasea, le da igual. M.M. mira con desconfianza y tratando de esconder su sensación de asco frente al desagradable material que Mao sostiene en la palma de su mano, y que olfatea inquisitivamente para cerciorarse. No paras de reírte y él comenta que en su nueva Facultad, una cosa de estas nunca sucedería, M.M. por fin resucita un poco y lo apoya, pero tú crees que sí es posible. Él te extiende la mano y te la enseña de nuevo, en forma de una especie de regalo, pero tú no necesitas recoger porquerías de la calle, ya tienes tu propia porquería bien almacenada en un lugar seguro, así que lo rechazas con amabilidad. Él se encoge de hombros y asegura que de todas formas será un regalo para alguien más, probablemente para su hermano. Los minutos corren muy rápidamente y Mao te pide que lo acompañes al centro por la tarde, a tontear seguro, pero se inventa una excusa decente con trasfondo académico. Tú aceptas, sabes que M.M. se irá pronto a trabajar en su nuevo empleo, así que si te marchas con él, no la dejarás sola. Es más, si no hubiera aparecido Mao, la sola habrías sido tú. Además, sabes que esa misma noche habrá una fiesta de reencuentro con varios compañeros, todos estarán en tu Facultad y no quieres ver a nadie. Sabes bien que te costó madurar y aceptarlo, pero al fin eres consciente de que mucha gente pasa, viene y va, pero tus amigos son pocos. Definitivamente, vas a huir de todos.

La ruta larga: Odio mis botas nuevas
A la hora establecida, Mao y tú se encuentran. Él llega primero al punto de encuentro y se halla hablando con otra persona muy animadamente, tú llegas y él sigue hablando, pero te presenta a la otra persona con un hábil cruce de miradas y gestos carentes de palabras, para no abandonar su conversación principal. Tú respondes con una sonrisa a la persona nueva. Los escuchas hablar de un tema nada confidencial y no tienes afán. Pero te estás arrepintiendo de haber dicho que sí. Va llover muy fuerte esa tarde, estás segura, y quieres ir a casa y terminar de leer lo más pronto posible el último libro que sacaste de la biblioteca, necesitas saber cómo termina antes de que se venza el plazo de entrega. Pero Mao y sus tenis rojos te conmueven. Recuerdas un pedacito de conversación que tuviste con M.M. antes de despedirse y luego de que Mao las volviera a dejar a solas para ir a su cita. Ella te dijo que en su otra vida él podría ser el amor de su vida, pero evidentemente, en esta vida esa relación siempre ha fluido con demasiada torpeza, ni pensarlo. Sonríes y lo miras mientras habla. Reconoces que es muy guapo, él. Se termina su conversación con la otra persona, después de arreglar una cita para reencontrarse. Tú sonríes de nuevo y piensas en lo inútil de las citas, nunca las cumples o jamás llegas a tiempo, es un desastre. Le das un puño en el antebrazo, casi en el hombro, y le pides que se apuren para que la lluvia no los sorprenda por ahí. Él te pregunta si tienes dinero para almorzar. Tú no quieres almorzar, pero le dices que sí. Caminas en dirección a la salida más cercana del campus, justo donde es fácil encontrar la ruta de buses que van directo al centro. Mao protesta, te pide que caminen en la dirección opuesta, hacia la salida más lejana, quién sabe dónde, a tomar otro bus extraño que tú nunca has tomado. Tus botas nuevas te están matando, sólo quieres correr a tu apartamento a quitártelas y ponerte la pijama. Pero esa no es excusa. Uno no puede romperle el corazón a la gente con la verdad. Mao espera que lo sigas y tú lo haces, no tienes de otra, le prometiste ir con él a cambio de que te hablara un poco sobre lo nuevo que estaba aprendiendo. Aprender sobre cualquier cosa te parece más interesante que pensar en tus propios proyectos y los papeles que tienes que escribir. Al contrario de lo que pronosticas, parece que en el cielo se disminuye el gris, aunque no sale el sol. Caminas con desgano, despacio. Mientras Mao lo toma como una señal de que quieres hablar, tú en realidad sabes que tus botas nuevas te están matando. Todo lo que le contaste por la mañana no ha cambiado ni poquito en esas horas transcurridas hasta la tarde. Pero él quiere hablar de nuevo. Está preocupado por ti, como cualquiera que te conozca un poco, lo estaría. Tú no tienes respuestas, todo se te hace estúpido, cada cosa que dices en voz alta no tiene sentido, es una pendejada, todo está muy bien, pero sabes que ser feliz no se trata de que todo esté muy bien. Es un conflicto bien complejo. Entonces, mejor te pones la armadura de siempre y atacas antes de que te ataque él a ti con alguna cuestión que no sepas cómo responder. Sin piedad alguna, le formulas la temeraria pregunta sobre su novia. Y das justo en el blanco. Su expresión cambia, se hace más vulnerable, te sale con rodeos, quejas sobre el puto clima de mierda, la lluvia que no para, sus tenis rojos mojados y arruinados, la gente estúpida de sus clases, el trabajo, el dinero, sus padres, la falta de sexo, la falta de amor, el odio contra el mundo, la desesperanza en la política, en el país, dios, las mujeres, los amigos, todo se va a la mierda. Justo ahí, te conectas con él, te sientes segura ahora, lo escuchas mientras van alejándose entre las calles de toda la gente que los rodea, ya no existen, son dos espejismos entre la multitud agitada sin sentido. Ahora saben para dónde van. Le preguntas por fin, en son de paz, por qué quería tomar ese camino, él sonríe, te explica que ese bus pasa por detrás de un bonito parque y atraviesa luego unas calles que quedan muy cerca a las montañas de Ciudad Mierda. Luego añade que esa ruta, al dar más vueltas, es la más apropiada para hablar. La trampa estaba lista, en serio tendrías que hablar.


Es imposible saber cuándo necesitas un abrazo: Café barato
Necesitaste algo de tiempo para mirar por la ventana sin decir una palabra y prepararte para decir lo que sentías. Él te escuchaba con atención ese grito silencioso, todo su cuerpo tenía la disposición abierta para hacerlo, sus manos relajadas, la mirada en ninguna parte para no juzgar, y su brazo cruzado con ternura sobre tus hombros. Por fin te desplomaste, te dejaste caer sobre su regazo, aunque los asientos del bus no fueran nada cómodos. Necesitabas que no te estuviera mirando el rostro mientras le hablabas y se te llenaban de agua los ojos. Le contaste todo y su amor con actitud paciente te dejó vacía, ya no cargabas con todas las mierdas de todas esas semanas, pero ahora la ansiedad las sustituía con un vacío tremendo. ¿Cómo no lo notaste antes? De verdad, necesitabas un abrazo. Él lo supo porque sí, o porque a lo mejor él también necesitaba uno y supo reconocerlo. 'El problema es que me canso fácil de las personas, sobre todo, de los tipos que me invitan a salir'— le dijiste. 'Somos célibes involuntarios' te respondió con tono risueño. 'El problema no es de celibato, tonto, de hecho creo me he vuelto un ser asexuado. Lo que menos me importa es acostarme con alguien' dijiste muy segura. 'Yo sé bien eso, la entiendo. A mí también me cansa que ella no esté y saber que la amo tanto. Conocer gente no es algo que me divierta' respondió melancólico. 'Sí, yo sé que usted me entiende' y lo abrazaste. 'Puede sentirse segura conmigo, niña, que yo no voy a tratar de conquistarla. Esa época ya pasó y nunca sucedió nada' él habló pausadamente, su tono era normal, te correspondía el abrazo. 'Usted y yo, jamás. Seríamos unos incestuosos. Además usted es muy aburrido, yo nunca le sería fiel' le decías mientras la voz se te cortaba con grandes carcajadas. 'Malditas mujeres, todas son tan frías. Sólo tienen que existir y esperar a que los hombres se peleen por tratar de conocerlas, qué malvadas son' protestó él con seriedad. 'No diga eso en serio. No es verdad. Además, usted no es el único que está solo. Debe haber alguna chica sola por ahí que lo logre entusiasmar' le dijiste tú y trataste de animarlo. 'Hay varias, siempre hay varias, pero todas me dejan plantado cuando las invito a salir. Estoy empezando a creer que lo mejor es volverme un homosexual resentido. Los hombres en cambio, nunca me quedan mal, ni para tomar unas cervezas o charlar' te respondió algo ofuscado. 'Es diferente, uno con los amigos es más libre. Yo sólo cumplo citas de verdad con mis amigos. El resto, puede esperar. Hace poco hablaba con M.M. de lo rápido que se agotan los recursos para mantener una buena relación con una persona y lo triste que es observar cómo se desvanecen las ganas y el interés de pasar mucho tiempo con ese mismo sujeto. Uno cree al principio que va a funcionar, que la magia va a alcanzar y a durar más tiempo, casi que para siempre, pero ya no es así. Eso sucedía sólo con los primeros amores, pero nosotros ya malgastamos nuestras oportunidades, ahora nos queda nada más la soledad. Y está bien así. Yo prefiero estar sola en mi apartamento, hablando con mamá o leyendo mis libros, que pasar mis horas fingiendo que me interesa el universo mediocre e incoherente de alguien que no me hace soñar. Eventualmente, me cansaré de esperar a que alguien sea capaz de estremecerme y darme paz a la vez. La paz es uno mismo, ¿no?... Yo ya no hago promesas nunca ni digo te quiero, ni esas cosas. Sólo me dejo sorprender de los momentos y los saboreo hasta que se exprimen solos y se desvanecen. Es un poco aterrador. La certidumbre de la puta soledad, es tenebrosa. Pero créame, es mejor estar así, que amarrarse una soga al cuello que no nos deje respirar' muchas lágrimas se te escaparon mientras le decías todo eso, él te escuchó en silencio. 'Lo triste es que no toda la gente quiere estar sola, está bien si usted opina así, pero si yo quiero estar con alguien, sin importarme lo que duela, deberían decirme, adevertirme si tengo una oportunidad o no. Yo soy siempre el que se queda plantado, el que espera, el que no puede olvidarse de que tiene un amor de lejos... ¿Usted se encarga de advertirle a las personas todo esto?' él te miraba mientras te hacía ese reclamo que parecía venido desde la conciencia misma del Universo. 'Me quedo en silencio, sin hacer daño a nadie. Ya no prometo nada, no espero nada. Creo que quedé atrofiada, ya le he contado mi historia, muchas veces. Y no soy mala, pero no vale la pena confiar tanto, Mao. Usted mismo me lo ha dicho. No me haga reproches que quisiera hacerle a otras chicas, no se trata de mí, sino de usted. Yo no tengo asuntos pendientes con nadie' le respondiste tajantemente, pero la voz y las palabras no eran tuyas, sino que también eran venidas del centro lejano de un Universo paralelo al suyo. 'Somos célibes involuntarios' volvió a concluir él. Se abrazaron hasta que el camino se terminó y el bus se adentro en una de las avenidas principales del centro. Ya no iba a llover y parecía que la gente y la atmósfera estaban en tregua. Tomaste la mano de él y lo miraste fijamente mientras le decías: 'Yo sé que es difícil, pero todo lo que uno necesita para sobrevivir, ya está en uno mismo. Además, siempre que necesitemos un abrazo, podemos buscarnos o encontrarnos sin buscarnos, como hoy... And there will always be meaningless sex  everywhere. Por otro lado, lo que de verdad me preocupa, es nuestra edad e improductividad, tenemos que aprender a hacer alguna cosa y largarnos a viajar'. Mao sonreía, ahora caminaban juntos entre las sucias calles del centro y esa agitación les daba la sensación de que tenían que seguir con vida, tenían que caminar, moverse, la inercia los empujaba, caminaron rápido y de repente él se volteó y te dijo: 'Yo le creo, pero no haga esa carita, mire que yo la re-quiero, en serio'. Y entonces no se dijo más, la tarde ya era perfecta. Nunca llovió. Te tomaste un café barato y él pidió una avena fría.