20130909

Sin Título 1


"Los sueños son pequeñas muertes
tramoyas, anticipos, simulacros de muerte...
El despertar, en cambio,
nos parece una resurrección, y por las dudas,
olvidamos cuanto antes lo soñado,
a pesar de sus fuegos, sus cavernas
sus orgasmos, sus glorias, sus espantos...
Los sueños son pequeñas muertes,
por eso, cuando llega el despertar,
y de inmediato el sueño se hace olvido,
tal vez, quiera decir que lo que ansiamos,
es olvidar la muerte...
Apenas eso."

Pequeñas muertes, Mario Benedetti.


- ¿Has visto tus manos?
- ¿Qué tienen mis manos?
- Nada, son bellas.
- ¿Sólo eso?
- Sí, sólo eso.
- Ah, entonces, gracias.
- No, ni lo menciones, sabes que no me gusta cuando me agradeces por pensar las cosas que pienso.
- Bueno. De todas maneras, gracias por recordarme que a veces olvido mirarlas. Sólo hacen lo que deben y no más, ni me fijo.
- Deberías verlas, por ejemplo, mientras hablas.
- ¿Qué tienen mientras hablo?
- Ellas también hablan. Ya te lo había dicho. Es como si tuvieras manos de hechicero.
- ¿De hechicero?
- Sí, de esos que hacen conjuros para que los débiles caigan en ellos y se sometan a sus deseos.
- ¿Crees que te a ti te sucedió?
- No. Yo estoy por encima de tus encantos. Soy como el ayudante que conoce todos los secretos del maestro y ya no cae.
- ¿Y cuál es mi secreto más grande?
- Que no quieres encantar a nadie. Que nada más buscas unos ojos que te sirvan como refugio de ti mismo.
- ¿Y quién tiene esos ojos?
- Muy pocos... Los fuertes. Otros hechiceros. Tu ayudante...
- Yo no quiero refugiarme de mí mismo. Me gusta caer en mis trampas.
- ¿Entonces por qué me miraste?
- No soy un hechicero. Soy un humano normal. Si te vi, no fue para que me salvaras, si no para que me ayudaras a perderme.
- ¿Y ya te sientes lo suficientemente perdido?
- No tanto como desearía, pero sí, bastante más perdido que antes de ti.
- ¿De qué camino querías perderte? ¿A dónde no quieres llegar?- A la amargura de ser viejo solo. Se puede soportar más la vejez, que el olvido.
- Los hechiceros no envejecen.
- Bien por ellos. Tal vez los vea pasar frente a mi tumba.
- No envejecer, no significa no morir. Puede que sus tumbas sean cercanas, también ellos te verán a ti. Un día serás viejo, pero no solitario, estarás muerto a su lado.
- ¿Y qué los mataría a ellos para que me acompañen?
- Saberse indefensos. Impotentes. Darse cuenta de que pueden ser normales.
- ¿Y tú, qué será de ti?
- Me acordaré de las veces que no quisiste que te salvara. No moriré contigo. Resisto más. Tolero mejor esta existencia.- ¿Y quién te salvó?
- "Quién", no. "Qué".
- Bueno, ¿qué?
- Creerme mejor que mi maestro.
- Veo... Así que no morirás, pero yo sí.
- Exacto. Pero estaré sola. No tienes nada que envidiarme. Le temes a la soledad, no a la muerte. Vas a morir felizmente acompañado, ya te lo dije. Serás un viejo digno.
- ¿Y si los otros no quieren morirse conmigo?
- Me llamarás para que te salve.
- ¿Y lo harías?
- Claro, jamás te dejaría sufrir solo.
- Yo sí te dejaría morirte sola.
- Lo sé.
- ¿Qué sabes?
- Nada, no sé nunca nada.
- Ya... Como te venía diciendo... Sí, yo te dejaría morir sola. Con tal, no es la soledad lo que te molesta, si no la muerte misma. Y ya te he dicho que no soy hechicero, así que no podría, por más que quisiera, detener tu muerte. Tendrías que hacerlo, tendrías que dejarte morir, enfrentarlo.
- No. Tú podrías hacer algo... Créeme que podrías.
- ¿Cómo?
- Si quisieras.
- ¿Pero supones que no quiero?
- Sé que no quieres.
- ¿Por qué no querría?
- Porque te enoja saber que no me morí contigo antes, siempre... Que cuando tuve la oportunidad, mandé a otros para que ocuparan mi lugar a tu lado. Que preferí vivir, antes que hacerte compañía.
- Si pudiera detener tu muerte, estando muerto y todo, sin salvar, perdido, solo, viejo y sin encantos sobrenaturales... Lo haría, con todas mis fuerzas lo desearía y buscaría como un loco la manera de llenarte de vida... Pero tú no querrías dejarme.
- Tienes razón. En ese momento me ganarían las ganas de saber lo que sentiría venciendo mi propia muerte.
- ¿Qué crees que sería?
- Paz.
- Yo también sentiría paz. Estarías al fin de mi lado.
- Entonces, sólo en ese entonces, consideraría la idea de acompañarte la Eternidad.
- Sabes que lo harás. No tienes más amigos muertos.
- Es verdad, tendré que jugar el mismo ajedrez contigo.
- Y después de que te gane, te invitaría al teatro.
- No asumas que vas a ganarme.
- Yo solamente hablo por los hechos... Te he ganado siempre.
- ¡Al menos dime que yo escogeré el teatro!
- Está bien, hecho.
- ¿Y después qué?
- Jugaremos a ser desconocidos y después amantes.
- No me gusta ese juego.
-¿Por qué?
- Siempre me enamoro de verdad...
- ¿Disculpa?
- No me quiero enamorar de ti. Mucho menos en la Eternidad. Sería insoportable.
- ¿Más insoportable que el hecho de estar muertos y saber que nunca tendremos buenas sillas en ningún teatro?
- Sí, aún más.
- Creí que pensabas que era adorable y que mis manos eran bellas...
- Bueno, sí, son bellas. Y sí, eres adorable. De hecho, todo esto me hace recordar cuánto te adoro. Pero no por eso quiero estar muerta y enamorada para siempre. Se supone que descansas con la muerte. Debería poder descansar de amarte.
- ¡¡Pero qué le vamos a hacer!! Todo es una contradicción. Por ejemplo tu miedo... Se supone que si vas a descansar, no deberías temer morirte, pero le temes. Le temes y te moriste a mi lado y ahora cuando te gane esta partida iremos a la obra que escogiste y te seduciré y caerás y te enamorarás y será así por siempre.
- Creo que ya sé cómo no enamorarme: No jugaré contigo.
- Ah, claro, eso cambia todo. Si no juegas conmigo, no puedo llevarte al teatro... Y así no podré seducirte. ¡¡Lástima!!
- Gracias.
- De nada... A mí sí me gusta cuando me agradeces.
- Lo sé.
- Entonces sigue siendo una extraña.
- Eso haré. Pero... ¿Puedo buscarte cuando quiera jugar?
- Siempre. Por ahora, descansa.




Beginners (2010)

20130903

Hoy descubrí a Katherine Mainsfield. Life is a mistake: Decir nada en tres actos y medio.


Sentarse a mirar fotos viejas y pensar con sorpresa: Mierda puta, me veía bien linda con el pelo corto. ¿Por qué uno no se da cuenta de esas cosas? La felicidad y la belleza verdaderas son así, sutiles y hasta totalmente imperceptibles. ¿Será tiempo perdido sentarse a observar o recordar cosas que ya pasaron? No. Lo más seguro es que de no ser por la memoria, casi todas las cosas habrían quedado perdidas y sin sentido. Es casi una regla de la vida. Nunca he tenido nada que me haya durado toda la vida, pero al menos en mi cabeza sé que existí, sé que algo sucedió y esa certeza se hace pan, colores, sillas, mesas, buses, esquinas, calles, un par de canciones, la voz de alguien a quien amé y que no se borra por más que cierre los párpados y los apriete fuerte. Todo se entrelaza y me termina trayendo de nuevo hacia el presente en el que no sé muy bien por qué persisto. 

Felicidad, hoy leí ese cuento.

Siempre trato de poner todo en palabras. Comunicarme es un especie de obsesión, pero amo sorprenderme a mí misma frente a una situación en la que las palabras me sacan el culo y no hay nada que pueda hacer al respecto más que callar y mirar. Callar y mirar. Cierro los ojos, trato de retener el mundo a través de otros sentidos, pero todo es tan borroso, tan tenue, siento que todo se me va. La vida...

Tuve un sueño con mi abuela muerta hace ya 9 años. Es increíble que lo único que recuerdo bien de ella era su obsesión por hacer aseo en la casa grande. Es terrible. Soñé que no era ella la que había muerto, sino él, mi abuelo, mi más reciente amor... Lo extraño tanto, a él. Y aún así, al decirlo, no sé bien por qué. Él sigue vivo. Qué nostalgia. En el sueño no lograba concebir el mundo sin su presencia, mi abuela estaba loca, haciendo arreglos extraños y extravagantes en la casa, comprando cosas muy lujosas con el dinero de la pensión de él y regalando objetos valiosos que le habían pertenecido. Entre esas cosas, descubrí un objeto mágico, era una máquina de escribir que tenía muchas teclas, con muchos números y toda clase de símbolos y signos de puntuación. El teclado parecía infinito pero era a la vez muy práctico y elegante. Pero lo más hermoso, no era lo completa y funcional de aquella máquina, sino el hecho de que ridículamente, todo el sistema estaba conectado a una especie de aguja de telégrafo que traducía las palabras del idioma normal a la clave morse. En realidad nunca en la vida he visto un telégrafo, a lo mejor estoy confundiendo los nombres de los aparatos, pero en mi sueño era así, tal cual funcionaba y se llamaba. Recuerdo que apenas vi lo brillante que era, no podía parar de tocarla y escribir mensajes en clave morse. Esta muy triste porque mi abuela quería reemplazar aquella hermosa máquina por una vieja y destartalada, de un color horrible y de mal gusto, que además no tenía ni la mitad de las teclas de la de mi abuelo ni contaba con el sistema para escribir en clave morse. Era una máquina común y corriente. Ella decía que era mejor botar o regalar de mi abuelo porque era muy grande y ocupaba mucho espacio, además que ya nadie utilizaba los telégrafos. Yo protestaba, pero esa mujer no tenía oídos para mí. Sentí que no nos conocíamos, sentí que nunca había amado a mi abuelo, sentí que odiaba su estúpida máquina fea y verdaderamente inservible. Entonces intenté rescatar la máquina de mi abuelo, pero cuando intenté levantarla, ésta era demasiado pesada para mí, no era capaz ni de correrla un poco. Finalmente me rendía y ella me decía que era demasiado pesada para cualquier persona, que no era una máquina razonable, nadie podría trastearla ni utilizarla fuera de una casa, o llevarla en un viaje. Yo no dije nada, ella tenía razón, al menos la suya, fea y todo, era muy liviana, muy práctica para llevar a cualquier parte. Aún no sé qué signifique a profundidad ese sueño. Lo que sí sé, es que no estoy lista para recibir la noticia de la muerte de mi abuelo. Tengo miedo de que eso suceda durante mi estadía en otra ciudad, no sabría cómo reaccionar con normalidad en la calle, no sabría qué hacer conmigo misma, nadie podría consolarme. 

Nuestra música: Kafka y Un Artista del hambre.


La primera vez que te enamoras, todo parece muy brillante. Simple. Uno cree que es una cosa que tiene que durar para siempre para ser real. De todas formas, uno cree que es muy real. Más real que la soledad. Nos convertimos en seres totalmente vulnerables y distraídos. Nada peor que el amor para desperdiciar el tiempo y la vida. ¿A dónde se va la voluntad y la conciencia de ser y el estar? No lo sabemos bien, ni lo sabremos nunca, pero lo disfrutamos. Un día, todo eso se rompe. Todo. Las promesas, el deseo, la emoción, la ternura, la paciencia, los tratos, las complicidades, los favores, las esperas, los anhelos, las angustias, los celos, los odios, las alegrías, las tristezas, los llantos, las estupideces, las cursilerías, las inmadureces... Catástrofe, el amor se acaba. Simple, rápido, contundente. El amor se acaba. Pero lo más maravilloso, es todo ese dolor que sientes, toda esa imposibilidad de ver hacia adelante o hacia los lados sin sentirse atravesado por la muerte, todo, todo, todo, se olvida. Todo pasa. Yo era de esas románticas que pensaban que una mujer solamente se enamoraba 1 o dos veces en la vida. Afortunadamente, eso no es cierto. Creo que me he enamorado tantas veces, que ya me sorprende cómo carájos hago para volver a intentarlo cada vez y que siga siendo siempre tan alucinante y maravilloso. Porque el amor es así, alucinante y maravilloso. 

La música, el cine, los libros, es increíble, pero son como extensiones del amor. La hipermutabilidad del tiempo, las cosas y la vida misma. Nada como ver o escuchar ciertas películas y canciones para recordar el sabor real de un amor pasado... ¿Qué putas estábamos pensando? Es siempre conmovedor abrir esas tumbas, devolver esos relojes de arena, abrir esos baúles empolvados. Ridículo. Sí, en ocasiones resulta ser así, te devuelves y piensas: Joder, todo es ridículo. Y no hay más palabras que "absurdo" para describir ciertas etapas que marcaron en uno determinadas personas y las cosas que compartieron con uno. El universo está enfermo, un anciano aberrado, degenerado y narcisista. A veces es tan peligroso emprender esos viajes al pasado, que de no ser porque puedes pulsar "siguiente" o "stop" en el reproductor, podrías perder la cabeza, la noción de realidad y toda conexión con el presente. Es cierto. Puedes llegar a quedar atrapado entre un odio radical contra todo el género humano o en una nostalgia ni la hijueputa por el amor que no dura ni mierda, un desarraigo tan basto, que sólo la profundidad del mar podría llenarte, pero los pulmones, porque vivir no vale nada, hay que hundirse, hundirse, porque vivir no vale nada, todo llega y como llega se va pasando. ¿Reír o llorar? Gracias hijueputas que me rompieron el corazón. Ustedes me hicieron reflexionar y ahora soy una mejor persona que no escucha esa porquería de música... Bueno, ése es un buen consuelo. Hijueputas. Hijueputas todos. La mitad de los orgasmos fueron fingidos. No, no la tenían grande y deliciosa, pendejos, mal polvos, egoístas, niñitos buscando a mamá. Qué frágil fui, pero no siempre, a veces sólo quería ser interesante, perdón por los gritos, el drama, pudimos habernos ahorrado todo eso, no lo sé. ¿Celos? Nunca. Fingía, de verdad, nunca me importó si no era yo la única, con tal yo tampoco he sido nunca fiel. NO, NUNCA, ES CIERTO. Me da igual ya. No es que no intentara, es que al principio todo es siempre muy bonito, pero cuando veo que es en serio, que soy en verdad la responsable de que otro pendejo me crea una especie de dios que va a salvarlo, me entra el pánico. Nada peor que ser perfecta. No lo logro, no termina de gustarme la idea. Las perfectas terminan siendo amas de casa, abuelas y mamás que nunca tienen orgasmos ni viajan por el mundo ni escriben libros ni son fotógrafas ni pintoras y cuando ya no pueden hacer nada al respecto, las han dejado solas, feas, gordas, analfabetas de sí mismas, inseguras, locas, maniánticas, compulsivas, descentradas, embrutecidas, pobres...  No quiero ser pobre en esta vida, quiero largarme al otro mundo con los bolsillos llenos de historias y cagadas y anécdotas tristes y absurdas, no lo sé, no lo sé... Yo sólo quiero que en verdad el amor sea más fuerte que yo misma y que esa persona que me acompañe, que esté por encima de nosotros, que nos atraviese, que nos desnude y sólo seamos un instrumento más para que se manifieste, pero no, no quiero matar al amor haciéndolo normal. Yo sé que tú me entiendes, creo que nadie me había visto llorar así, de madrugada, con las manos tan vacías de pretextos, de disfraces armados, de pensamientos reforzados, no, nada de eso, escupí y parí con sangre y sudor cada palabra, me confesé y no espero que me dures para siempre. Nunca nada en la vida me ha durado para siempre. Tengo miedo, sí, pero el miedo es necesario, es lo que me hace amarte, nada más importa si sé que respiras, así no sea siempre donde pueda verte todo el tiempo, pero no me importa, sé que nos encontraremos de vez en cuando, y es real, siempre, contigo todo es real, todas y cada una de las veces en que nos encontramos, sé que tanto tú como yo estamos enteramente ahí, sucediéndonos en cámara lenta.

Ya no tengo que prender la luz

De nenita veía una serie no apta para menores de edad, pero mamá siempre fue muy permisiva en ese aspecto, de hecho, lo fue con muchas cosas más diría yo, y más que permisiva, fue descuidada. Como sea, no se equivocó tanto, crecí sana y salva (sin muchos traumas) en un mundo lleno de atrocidades, desventuras y un sin fin de cosas desagradables. En fin, era una serie estúpida sobre sexo, muy gringa, muy girly, a través de la cual empecé a descubrir el mundo de los adultos y sus mentiras, los dramas de las relaciones y las culpabilidadees que terminaban enredando sus cabezas y finalmente no les permitían disfrutar nunca de lo que hacían. El sexo era delicioso, pero era un error. Eso aprendí, eso temía. Y en parte resulta que sí y no. El error es creer que el sexo va a acercarte a alguien, ni hacer que se conozcan, no, eso nunca sucede, tampoco hace que la persona no se vaya nunca, ni que te ame más: Simplemente, el truco es no utilizar a nadie y no dejarse utilizar, pero claro, saber eso me costó lágrimas, mi cerebro estaba muy contaminado. Además nunca me sentí muy bonita, ni siquiera pensaba que ese tipo de cosas me llegarían a preocupar, hasta estaba tranquila, porque en el fondo, me calmaba una alsoluta resignación, tan grande en serio, que ese interés se demoró más de lo normal en crecer en mí. Siempre tuve muchos miedos y pedejadas varias que a medida que aprendía a conocer, se convirtieron en escudos y espadas para esconderme, herirme a mí misma y en ocasiones, herir a los demás. Muchos inocentes pagaron caro por mis heridas sin tener nada qué ver... La piel dura, pienso muy seguido en esa película, si la ven, a lo mejor me entiendan mejor, crecer es una cosa tan dolorosa, que uno simplemente se deja llevar a través de ese dolor por el instinto, la infancia es una extensión del parto materno. Es inercia, doy fe de ello, yo no tenía ninguna voluntad de crecer, ni mucho menos, de adentrarme en este mundo de adultos tan estresante, nostálgico y aburrido. Crecí sin culpa, sin querer queriendo. Pero ya no quiero cumplir más años. Desde que cumplí 18, siempre me repito lo mismo: Ya no quiero más cumpleaños. No quiero. Aquí estoy.

A veces pienso: Si hay algo que aprendí bien de chiquita, fue a sobrevivir. Por más que no mire cuando cruzo la calle, por más que tome taxis para cruzar la ciudad a media noche sin haber llamado o me embriague por ahí en fiestas con amigos y desconocidos, como sea, sigo viva. Como porquerías, nunca hago ejercicio, me arriesgo a peligros estúpidos, soy torpe y me caigo todo el tiempo por la calle, pero nada, no me muero. No hay otra cosa que sepa hacer mejor que estar con vida. Así de simple, seguir viviendo es mi accidental don, muy a pesar de mí misma, de mis depresiones y mi odio a los malditos humanos que hacen la guerra, contaminan y violan, a pesar de mis ganas de morir de cáncer, de amanecer sin respirar, no sé cómo le hago, pero sigo aquí, tan viva como lo que escribo, justo en medio de todos ellos, sufriendo con los que nos tocó en ventura sufrir menos, o sufrir poquito, calladitos, como anestesiados, indirectamente, jodidos y re jodidos, pero disimulando. Por eso no sé cómo, desarrollé tácticas para disminuír el dolor, ver cine, escuchar música, leer poesía, cosas así me ayudaron a llegar hasta aquí. De dientes para afuera hablo siempre del suicidio, pero con cada acto, me contradigo, me lleno de vida, me rodeo todo el tiempo de sentido y significados, atesoro gente linda y momentos, es como si la vida me amara tanto, que ya no le importo yo como sujeto, sino mi existencia como acto y potencia, no soy lo que soy sino el hecho de que ya estoy aquí. 

Muchas cosas me asustaban de pequeña. Que mi familia se muriera, que mi hermano se perdiera, enfermarme, el colegio, las profesoras de matemáticas, tener piojos, que el cabello no me creciera, ser fea, no tener amigas, no tener novio, no saber bailar, el coco, el infierno, la virginidad, dios mirando todo todo el tiempo, los perros, la oscuridad, mi cuerpo que creía anormal, el dolor de cabeza, el sexo, el amor, el odio, la guerra, el hambre en el mundo, vivir debajo de un puente, elegir una carrera, guardar secretos, aprender inglés, cocinar, el agua fría, la soledad, el olvido, le gente hipócrita, la crueldad... El terror es constante. Pero hace un tiempo empecé a vivir sola. El mundo entero ha cambiado para mí. Inclusive hay noches, justo cuando hablo con alguna persona a quien amo, en las que mi corazón está tan tranquilo, que ni siquiera necesito dormir con la luz prendida. Aún no decido si es porque quiero ser valiente o porque estoy tratando de aniquilar mi instinto de supervivivencia y me entrego de manera inconsciente al peligro de que me asesine el monstruo debajo de la cama mientras duermo. A lo mejor es eso último, me estoy volviendo más suicida y ya no hay nadie que me controle.