20090601

Después de Lanzarse...


"(...) Pero, el Silencio es la más elocuente forma de mentir..."
Fragmento de: Tu Silencio, Bebé.





Ella no estaba segura de empezar a escribir de nuevo, tenía ganas de todo y nada... Tal vez, lo que menos deseaba era escribir... Describir... Desmenuzar palabras tartamudas... No, no quería. Pero el sueño y sus fantasías se negaban a inundarle los ojos, el frío habitaba en el aire y en su piel, y unas lágrimas sin sentido se apoderaban de su paz... Silencio, sí, como siempre, cada noche a solas era como estar sentada sobre la tumba del sonido y la alegría...

Estaba condenada, perdida entre las sábanas, odiaba tener que dormir mientras en algún lugar lejano, otra gente debería estar disfrutando del vino y los placeres de andar recorriendo calles a oscuras... No, no se atrevía.

Es preferible soñar -pensaba-... Claro que, la verdad es que no puedo soñar, no puedo ya... No me quejo, lo extraño a veces... Pero si no se puede, no se puede -concluyó-.

¿Cómo entregarse de nuevo?... La solución era lanzarse, inclusive perder, equivocarse varias veces, una y otra vez, tal y como lo había hecho antes... Tenía que caerse y quedarse tirada en suelo un rato, quedarse teniendo conciencia de estar sola y caída, quizás prolongando el dolor, sufrirlo todo lo necesario y luego terminarlo...

Necesitaba razones para llorarse, para lamentarse el hecho de haber errado... Pero ella ya no se embarraba más las manos... Ahora andaba por la vida analizándolo todo antes de actuar... Cosa en la que jamás pensó cuando en el pasado se equivocaba todo el tiempo... En fin, la gente cambia, cambia... Dicen que algunas personas "crecen"... Otras "maduran" y se hacen llamar "adultos responsables"... Unos pocos se creen "sabios"... Y ella, tan sólo había crecido.

¿Cómo se crece?... Nadie te hace "grande" ni "pequeño"... ¡Nadie!... Ella dice que fue una especie de proceso mental-creativo, imaginó que había crecido, y creció. Opino que fue valiente. Yo no pierdo el tiempo imaginando esas cosas... De hecho, no sé cómo se imagina que uno creció... Nunca he visto a un "grande"... Pero ella dice que no hace falta, que sólo necesito creer, pensar que lo soy... No sé exactamente qué es lo que debo imaginar, pero imagino, ella lo pide... Yo intento, me esfuerzo... Y aún nada... No crezco...

Sólo sé algo... Las dos tenemos miedo. Estamos cansadas, pero nada, ella allá y yo aquí, ambas tan lejanas y a la vez... Viviendo bajo la misma piel... Usando el mismo vestido gris con zapatos negros... Llorando las mismas lágrimas sin sentido... Compartiendo este colchón lleno de la amarga sangre que derramaron los sueños que asesinamos juntas... Soportando la lluvia y a esta maldita brisa, esa que tan descaradamente se atreve a levantar el velo de la cortina para tocarnos y erizarnos la piel...

- Cierra la ventana, por favor, levántate y ciérrala -dice ella-...

- Házlo tú.

- ¡Tonta!... ¡Te cuesta tanto despertar!... Y crecer... Ser tú misma -se lamenta-.

- ¡No quiero crecer!... Me niego.

- Algún día entenderás que es lo mejor... Los que no crecen... Terminan siendo olvidados por el mundo y mueren -susurra ella-.

- Yo sigo viva, y ya ves... No crezco. No puedo...

- Eso crees, pero en el fondo sabes que simplemente no quieres... Aún -afirma ella-.

"En su silencio habita el mío"... En su mirada vacía se piede toda mi fuerza, en su abrazo tardío se funden mis esperanzas de hacerla volver... ¡No, no!... Ella no quiere entender... Y yo nada más espero, me devora la angustia... Me paso las horas evitando que sus palabras de mujer grande me envejezcan el alma y me congelen las ganas...

Ella y Yo... La y Las... Su, de ella... Sus, de ella... Esa... Esas... Nosotras...

No, no somos dos, eso ni lo pienses... Sólo somos una queriendo ser otras. El deseo arde, la necesidad de ver qué hay más allá, eso es algo que impulsa y llama, pero... Ella, la grande, la que sí creció... Sí, ella lo ignora.

Sin embargo, los corazones aún palpitan, siempre palpitan, siempre... Porque hay vida y voluntad de ser... Entonces lo ven, el abismo sigue inmóvil, está ahí y todavía se enfrenta a sus miradas... Sus de nuestra, de nuestra mirada, la que compartimos, la que fijamos siempre al mismo punto... La soledad también quiere saltar... Y ya somos tres.