20130709

Ella tiene un revólver en la cabeza y aprieta el cañón con los nudos de la cabellera: Este amor es de unicornios malparidos (que viven ebrios esperando en una isla desierta en medio de una mar dulce y amarilla).



— ... lo más curioso sobre las historias de amor es esa imposibilidad de reconocer cuándo son en realidad "historias de amor" genuinas, o más bien historias de terror, sólo se sabe hasta después de que se terminan. 
Ella, linda como siempre, lejana, como es su naturaleza, cortó el tiempo-espacio con sus palabras:
—... desde que empiezan, como todo en la vida. Pero aún así, no me importa, quiero escuchar una que aún no se termine (ni se sepa si lo hará) para que quede en duda si es de terror o de amor. Pero que sean evidentes los delirios.
— Déjeme pensarlo, no quiero decepcionarla, ¿si?
— No, no se vale si se piensa... "Hay que creer en la magia, es la forma de hacerla real".
[Un hombre y una mujer se enamoran en un segundo y cambian el destino, ellos mismos no saben el embrujamiento de que son víctimas y justifican su arrebato con razones pueriles como la predestinación ó que ya se conocían en otro mundo; sí, es posible, porque la soledad, los sueños, la necesidad de amar, son mundos imaginarios pero más crueles que la realidad, la vida está hecha de pequeños azares materia prima del destino, compartir un asiento en el bus, tomar una acera en vez de otra, marcar un teléfono equivocado, no ir al estadio; entonces sucede el milagro, era eso lo que esperaban, un hombre ó una mujer. Mientras escribo esto pienso qué habría pasado si en vez de quedarme en este cuarto hubiera ido a ver la película el dios fingido, lo inesperado es lo que da a la vida categoría de aventura, perderlo o ganarlo todo a la vuelta de una esquina sin uno saber siquiera para dónde iba, por eso no me he matado.]
Terminé la puta historia que ella pedía, pero en el fondo sabía que no era suficiente, ella quería saber si yo recordaba, específicamente, "otra" historia. Pero en realiadad no tenía nada, trabajé rápidamente con lo poco que tenía, cualquier cosa para no mostrarme con las manos vacías. Mientras buscaba,ella parecía tan paciente como una imponente roca en la cima de una sabia montaña:
—... Nunca hace eso usted señorita (?), ¿creer en algo para que parezca real?
— Siempre linda, siempre... Es la única manera de despertar y no correr a suicidarse en la ducha— le dije mientras revolcaba letras.

[La cosa más estúpida que alguien puede preguntar es: ¿Cómo puedes decir que me amas si no me conoces? El amor no es esa mermelada espesa que se forma durante los encuentros sucesivos y las estrategias de seducción y las afinidades e intereses mutuos. Ese tipo de relación funcional que deriva en aproximación, atracción, sexo, compromiso, relación libre, complicada, matrimonio… no es y nunca será amor. Idiotas, el amor es la percepción del otro a través de la necesidad conceptual, del instinto y la ensoñación. Sé que amo a una chica porque la he soñado mil veces, la he imaginado e inventado. Soy un hombre apasionado en mi visión de la mujer y del lenguaje, pero jamás he buscado a una chica por sexo sino por una necesidad salvaje de comunicarme. Busco en la mujer trascender ese tipo de conocimiento funcional hecho de fechas y facturas, de cenas y filas ante el cinema. Tengo una mente poderosa y sutil, hecha en el delirio y el desenfreno de mil noches y mil vidas. Mi sexo es parte de mi lenguaje, un sortilegio y un regalo maravilloso. No busco sexo en una chica, se lo doy. Soy el amo absoluto de mi alma y mi cuerpo, conozco de forma minuciosa mis sensaciones. Los macacos ven en la mujer un objeto, un proyecto, un trofeo. Para mí una chica es el espacio de mis enigmas, el laberinto de mis soledades, el fin de los esquemas. Soy alto, fuerte, capaz de poner tus huesos uno a uno en el lugar justo, de darle a tu alma algo inolvidable y abrir tu mente más allá de ti misma. Si para algo existe el amor es para anular las razones y destruir los pactos. Pero los macacos y sus macacas ven en el amor la celda del deseo y la tumba de la aventura. Viven de pactos, lánguidas fidelidades y vacías traiciones. Si conocerse fuera una condición del amor el mundo se reduciría a información y psicoanálisis. El pensamiento, el arte, los marcianos, las frutas exóticas, el olor de la madera recién cortada, el blues y tantas otras maravillas no tendrían sentido. Uno ama en la humanidad del otro no en su documento de identidad, uno ama en la fascinación de lo que desconoce no en la forma de un culo o la dimensión de unas tetas. Uno ama en una sonrisa no en la fricción de una tripa. Perdí a mi padre, el dolor de su ausencia irreparable fue llenando mi mente de chicas. Las he inventado desde entonces, las he dibujado en mi mente como complejas y dulces sensaciones y las he amado. Me basta percibirlas, sentir un olor para saber que están allí. Sé que te amo niña idiota porque te amaba antes de pertenecer a la tierra, antes del deseo y lo haré diez segundos después de mi muerte, Te he amado con la ferocidad del destino. Conocerte puede ser una casualidad o un incidente, amarte ha sido y es mi forma de estar en el mundo.]

— Soy una persona tonta.
— ¿Por qué lo dice? Yo también soy tonta. Podría inclusive hacerle una lista con muchas de mis tonterías.

— ...Qué hermoso que me cuente historias, pero, mejor me voy. 
— Pero, no llore.
— Que su noche sea bonita...
— No se vaya. Por favor, diga cualquier cosa... ¿¡Le di dos historias y ahora se va!?... Recuerde la nuestra entonces, esa fue linda, ¿no? Y aún no se termina...— le hice un guiño coqueto y de confianza con el ojo izquierdo, aunque no creo que lo viera.
— No, yo no quiero que se termine, por eso es mejor irse ahí, cuando todavía es lindo. 
— ¿Usted y yo ya nos fuimos?
— No.
— Estamos aquí entonces, ¿verdad? Qué extraño que la distancia sólo nos lleve a pensarnos una y otra vez por la otra.
— Yo aún quiero estar aquí, entonces, es así.
—... 
— Estoy encerrada- susurró ella, y dejó su carterita roja sobre mi estante de libros que nunca voy a leer, pero que colecciono por las tapas del encuadernado. Se puso de espaldas a la lámpara de pata larga del rincón junto a mi tocadiscos restaurado y allí se quitó las sandalias. Sus pies no tenían medias, de manera que podía ver todo el calor de su cuerpo escapándose a través de las plantas de sus pies sobre la madera dejando una huella de fantasma húmedo que respira con silueta curvada.
— También yo estoy aquí, no se olvide de mi presencia, pero no lo veo como un encierro... ¿Sabe? Mejor tratemos de no verlo como un encierro, ¿puede? Digamos que más bien estamos esperando y no importa si nada llega, porque es más divertido esperar, que no esperar nada... Al menos así, esperando, uno se anima y el cerebro cree que de hecho está "haciendo" algo...
Y hacer, es vivir.
¿Ha leído "Esperando A Godot"?

Vladimir: ¡Qué! ¿Nos vamos?
Estragon: Sí, vámonos.
(No se mueven.)
Sonrío y me dijo: — Vámonos.— luego de una pausa, con hermosa delicadeza, me devolvió un guiño sutil del mismo ojo que el mío, que intencionalmente también pretendí no ver.

- ¡Vámonos!

Hablar de espaldas aumenta el sentido de la ceguera, mediante elcual los demás sentidos se hacen superpoderosos a partir de las imágenes de las palabras como seres de peso independiente. Logré verla, creo, inclusive más allá de lo que fue capaz de decir.- A donde usted quiera, mujer- le aseguré.

- Yo a veces, casi siempre, no sé a dónde quiero ir y a las personas no les gusta caminar con los ojos cerrados. A mí sí... En todo caso, nunca sé dónde estoy ni para dónde voy, vamos a cualquier lugar... Un día, ¡vámonos!Así usted tenga o quiera volver aquí, no me importa.... Mejor, dos días.

Con ella me iría a donde sea, ella lo sabe... Tantos días como tengan los posibles años de los que esté compuesta mi existencia premortal y en los que no tenga que pensar que los hombres por más que nos asemejemos tanto a los dioses, nunca seremos tan perfectos como para no temerle a la falta de tiempo. Con ella quiero pensar que tengo todo el tiempo para bebérmelo y no pagar la cuenta. A ciegas le dije:
- ¿Dos días pretendiendo que me fui y que no quiero volver a verla en este lugar? No, no puedo. Este lugar somos nosotras.
Y prefiero este silencio en que ninguna de las dos se va, pero tampoco nos quedamos del todo, porque sin tener la obligación de decir nada, somos instantáneamente libres y no importa si estamos aquí o no, la libertad ya es nuestra, pero este lugar nos alimenta. ¿Me entiende?
No se trata de querer volver... Se trata de que, a lo mejor, ni siquiera hay que irse nunca para extrañarnos, pero es divertido pretender la espera... Aunque no queramos que nada cambie (porque no es necesario).
Todo lo que es, lo que somos, es hermoso como está, ¿no cree? Pero claro, no hay que hacernos caso, ni siquiera pretender escucharnos, váyase cuando quiera, que yo no sé si la estaré...

- Hay dos torres inmensas, un algo en medio de ellas, una cuerda que son 11 cuerdas por donde se puede caminar, y hay una niña ahí que se sostiene, está lloviendo y ella se aferra a la cuerda porque no quiere regresar a la torre donde estaba, y desde la otra torre le cortan la cuerda porque le tienen miedo, pero es sólo una niña y si tiene sangre en las manos no es porque haya matado a nadie, sino porque está herida; entonces mientras está en la cuerda sueña que es un barco, que la lluvia es mar y que está navegando, que el viento la arrullará si cae... Ella entiende todo. Y si, todo es más bonito como ya es, porque es lo que se puede dar dentro de esta realidad, "pero mañana seguro que sí".

- Mañana es cuando usted quiera cerrar los ojos y decir en voz alta que ama, ama la cuerda, ama a la niña, que no existe ni tiene que existir, ama ser usted, ama este encierro de lejanías entre las dos, ama que aún puede soñar y los que se encerraron en las torres no... Mañana es cuando todas las cuerdas se conviertan en los dedos de nuestras manos juntas y usted comprenda que esa que se rompió estaba sobrando, porque somos humanas y sólo necesitamos 10.
Mañana es cuando no importe que hoy es ayer desde que amanece hasta que usted se detiene a hacer el té y ya es de noche.

Siempre es peligroso jugar a recordar historias. Es mejor fingir no recordar ninguna y dejar que la quietud sea. Recuerdo que la última vez que recordé algo a propósito, terminé olvidándome de un montón de cosas que no tenían la culpa de haberse manchado de un solo color. Mi memoria es daltónica. Alguien debería inventarse unas gafas para disimular que las últimas neuronas ya están en llamas detrás del cristalino. 

En medio de tanta cobardía, todos los billetes ganadores de la lotería que nunca compraste, el amor de tu vida que se fue con el sujeto equivocado y la muerte; se burlan unánimemente a ciegas, no por falta de memoria, porque son como columnas que sustentan el espacio-tiempo y por tanto, carecen memoria en sí misma, de la necesidad absurda de recordar nada, de la humillante mortalidad, y pueden salirse de ellos a su antojo, viviendo en un eterno presente que lo ve todo como una masa, sin tonalidades ni verdades ni mentiras ni añoranzas un futuro o pasados vagos. Se ríen sin parar, porque las masas no tienen sentido, son torpes, siempre son torpes, sin redención, se apresuran siempre hacia los más profundos precipicios ridículos, auto-infligiéndose los mismos dolores, las mismas enfermedades y su propia muerte. Es ésta la ceguera más antigua del Universo y está desde siempre por encima de todos nosotros, concentrada en el mismo ojo ancestral de la muerte, todo lo que pudo ser y no es y fue aplacado por el peso presente de lo que es y ya no va a moverse y el amor que nunca nos ayuda a nacer; de todo deseo o pequeña iniciativa de rebelión que nada más nos aplasta más dentro de la masa, la masa, la masa, la masa, su centro donde nadie puede ver nuestro rostro más allá que como granos de polvo y chatarra intergaláctica inservible.
La segunda ceguera, es la nuestra, nosotros, es decir, la masa, que se da la espalda y se imagina diferente, dividida, autónoma, que cree que se siente, que está, que se mueve, que hace algo, que espera cosas, que hace cosas, que depende del tiempo y del miedo a que se olvide la historia de sus mascaritas inventadas. La memoria es nuestra excusa para las voces, para justificarlas, para no aceptar la enfermedad, para darles vida y no sentirnos solos, sola, solo, masa. 

Y el secreto para no enloquecer es este: No somos dueños de las cosas que logramos, ya le pertenecen al pasado. Ahora nos queda nada más aquello que todavía queremos conquistar.